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18 de octubre de 2026

¡Pucha, Lagarto hermano!

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Los sentimientos que poblaron mi ser fueron tan diversos como las situaciones que motivaron mis viajes de regreso al pago querido. De alegría las más de las veces, cuando estudiantes y jóvenes regresamos a festejar los carnavales o las fiestas de fin de año; de tristeza cuando se fueron mis papás, José Alberto y Segundina; también de angustia cuando nos enteramos de la difícil situación de salud que atravesaba Bethzabe Claudina, mi mamá, y de emergencia nos embarcamos con Angelita para acudir prestos a su lecho de enferma.

En fin, hubo de todo, Vladi queriu, pero ninguna se asemeja a la sensación de pesar que ronda y entristece mis pensamientos porque, enterado del trágico final de tus días, no puedo evitar pensar cómo fue posible que la vida de un tipo macanudo como fuiste —porque vaya que sí eras un chango de lo mejor— haya devenido en ese final inmerecido.


¡Pucha, Lagarto hermano! No recuerdo (#paquesdecir) el momento en que nos conocimos, pero abriéndose paso entre la bruma de la tristeza llegan los recuerdos de aquella vez que, frente a tu casa, estampamos la imagen de una gran araña negra —cuya viñeta preparaste— en la espalda de las poleras anaranjadas que usaríamos como distintivo los "Spiders". Sí, de los "espideres", como nos decías mientras sonreías. Seguro que ya te encontraste y comentaron al respecto con el Sherpa, el Percy y el Gorila, que eran "Spiders" en ese entonces y partieron antes que tú.

Cómo no recordar también que contigo al lado fue que ingresé luego multitud de veces al mítico y temido "Barrio Obrero", hasta conseguir que tus vecinos me aceptaran como amigo y hasta llegar con algunos de ellos a ser parte de "La Barricada". ¡Ja! Si hubieran sabido que mis intenciones al ingresar a su barrio no estaban motivadas justamente por lograr su amistad, sino la de las lindas tupiceñas que habitaban en él.

Y después llegó Mal Paso, y la genialidad autodidacta de tus dotes artísticas nos entregó la figura del hippie que se convirtió en la mascota y figura del club. Figura que pintaste en una blanca tela y que, no sé por qué, los hermanos Mal Paso me dieron el honor de conservar; gesto el suyo que creo que nunca agradecí lo suficiente.


¡Pucha, Lagarto hermano! Cómo es posible que te fueras así, de repente y sin dejar lugar a que nadie se despidiera de ti. Si hasta parece que hubieras querido, como una salida magistral de escena, hacerlo sin que nadie supiera que eras tú el que partía.

Conservo y preservaré la foto que me entregaste después de aquella noche de copas en que te encontramos con el Chuflay en un boliche cuyo nombre no recuerdo y del cual tampoco sé cómo salimos. "Los Mal Paso cuando eran changos", dijiste al pasármela junto con la foto de alguna de las chicas Mal Paso, rodeadas de sus wawas.

¡Pucha, Lagarto hermano! Cómo iba a imaginar que ese era el último día que te veía con vida, lagartija. Cómo pensar que las cervezas que tomamos entonces con el Leo —a quien fotografiaste (creo que pícaramente) justo en el momento en que parecía querer agarrarme a cogotazos— serían las últimas que libaríamos juntos, y que el helado que compartimos sentados en la plaza mientras hablábamos, como siempre, de temas variados, serían los primeros y últimos a su vez.

¡Pucha, Lagarto hermano! Creí entonces que los videos del carnaval tupiceño que con tanto entusiasmo me animaste a comprar los veríamos juntos algún día, y ahora ni siquiera sé si podré verlos alguna vez sin que la imagen de tu dolorosa y abrupta partida empañe la alegría carnavalera.

¡Joder, Vladi! Nos dejaste sin t'ixcho y sin tu presencia física, pero el recuerdo de los momentos compartidos contigo, con los "Spiders", con La Barricada y con los Mal Paso acompañará nuestros días hasta que a su vez llegue el momento de nuestra partida y tengamos la fortuna —si es que acaso existe un lugar donde se encuentran las personas (amigos, amadas y seres queridos) que dejan esta vida—. Mientras tanto, ahora sabemos que hay una tumba en la que te encuentras y que seguro iremos a visitar para manifestarte nuestro respeto y cariño, y quién sabe, tal vez para llorar un rato por tu amistad, por tu partida y por la bronca de no haber estado cuando nos necesitaste.

En memoria de mi hermano Mal Paso, Vladimir Ramírez Rivas, genial artista autodidacta tupiceño que nos dejó, trepado tal vez a la grupa del Tata Santiago, un fatídico día de julio de 2026, sin que nos diéramos cuenta de su partida.


En algún lugar de la ruta que me lleva de regreso a Tupiza, julio 17 de 2026.


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11 de octubre de 2026

Y brindé por ella...

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No sabía por qué, pero desperté con un nudo en la garganta. Igual supongo que se siente algo parecido cuando dicen que «es viernes y el cuerpo lo sabe».

En fin, pese a sentir que era un presagio claro de que iba a ser un día jodido, iniciamos nuestra jornada con el Lukitas como todos los días: su caminata matutina, luego su desayuno habitual y, para mí, un sándwich de huevo con café, porque dice el médico que a nuestra edad hay que ayudarle al cuerpo con proteínas. ¡Joder con esta vaina de la edad!

Tocaba otro round con la enredadera y, como ya suele ser habitual, pese a que la lastimé un montón, bajé muy poco el volumen. Eso sí, tuve que hacer dos viajes al contenedor llevando las ramas cortadas y terminé con mis brazos y manos mostrando las marcas de lo brava que fue su defensa.

No, no me gusta hacerlo. Supongo que debe ser por la época en que Angelita, sutilmente, sugería que ya estaba tan grande la enredadera que les quitaba la luz al resto de sus plantas, a las rosas sobre todo. No me dejaba opción y debía proceder a colocarme guantes, gafas de seguridad y sombrero, tomar las tijeras y ponerme a la tarea de podar el jazmín, seguro de que al finalizar vería su agradecida sonrisa, recibiría un amoroso beso y disfrutaría de un delicioso almuerzo dominical.

Cuando alistaba los ingredientes para cocinar mi almuerzo, se me ocurrió mirar los mensajes en WhatsApp y, al ver el que envió Juan Carlos, nuestro director, a las compañeras de trabajo, entendí la razón de la angustia con la que desperté.

Abrí una botella de vino y comencé a preparar el morfe porque, igual que cuando ella estaba, prefiero comer en casa antes que salir a ver qué encuentro. Por supuesto, tuve cuidado de separar para el pequeño una porción de carne asada antes de condimentarla y mezclarla con los aderezos respectivos, porque Angelita no me perdonaría que le diera a su wawa alimentos con ajo u otros condimentos.

Serví la comida de Lukitas así como la mía y, mientras inevitablemente corrían lágrimas por mis mejillas, brindé por ella, por Angela Milenka, que fue mi esposa y una gran mujer orgullosa de ser boliviana. Brindé por mi madre, Bethzabé Claudina, sin cuyo coraje no estaría escribiendo estas líneas. Brindé por mi abuelita Segundina y mis tías Jahel, Amanda, Domitila y Miguelina, y por las otras tías que no cito en detalle para no cometer la impertinencia de olvidar a alguna.

Brindé por mis compañeras de trabajo, capísimas todas ellas, y por las muchachas de mi promoción, chicas de ñeq'e, sin quienes no hubieran sido posibles tantas aventuras y travesuras realizadas en el colegio.

Brindé por mis primas, mis amigas y por las mujeres que me ayudaron a atender a Angelita, y por las que me apoyaron y apoyan con la atención de mi mamá, así como por las que atienden la salud y le hacen fisioterapia a Lukitas.

Sí, emocionado como ya estaba, con medio tinto en el garguero, brindé también por las mujeres que amé y me amaron, y también por las que no lo hicieron (claro que muchas de ellas ni se enteraron de los sentimientos que provocaron en este atorrante).

¡Joder, brindé por la mujer boliviana! Y me retiré a llorar otro poco y a dormir un rato con el Lukitas, compañero de vida que me dejó mi amada esposa Angelita.



28 de agosto de 2026

No se dice eso, hijo

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La señora de la imagen es mi bisabuela, María E. Murillo, la matriarca de mi familia. De ella, mi tío Roberto Murillo cuenta la siguiente anécdota: 

«Tuitus los de la familia tenemos algo que nos caracteriza y es el sentido del humor, recuerdo una anécdota de tu bisabuela, mi tía María: yo recogía a los dos murillines —el uno bajo y alto el otro (tu abuelo y mi papá)— de las aulas universitarias donde doña Calixta fungía como rectora, en un pedopleo total. Le dije a la tía: 

—Estos dos están borrachos.

A lo que ella me contestó: 

—No se dice borrachos, queda feo.

Entonces le respondí:

—¿Y cómo les digo?

— Se dice punteaditos— contestó ella rápidamente.»

27 de julio de 2026

El Instituto de Bellas Artes de Tupiza

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Mi "prima", la Nedda Ramírez Rivas, como buena artista y amiga, tuvo la genial idea de invitarme a visitar el Instituto de Bellas Artes "Alfredo Domínguez R.", que desarrolla sus actividades de formación de artistas en Tupiza —la Joya Bella de Bolivia— desde 1983.

Y fue lo mejor para cerrar con broche de oro mi reciente estadía en el "Pueblito Encantau". Pues es un espacio que acoge, en su patio y pasillos, una serie de churas pinturas y esculturas realizadas por estudiantes y artistas en diferentes eventos, y que se encuentran allí para que cualquier visitante o residente de Tupiza pueda contemplarlas. 

Mira vos que, durante años, pasé por la acera del instituto, que se encuentra en la esquina de las calles Chorolque y Abaroa —frente a la Plaza Independencia (la principal)—, y nunca se me ocurrió que podía entrar a ver qué había en su interior o preguntar al menos si podía hacerlo. Y no, no cobran por el ingreso, de manera que, si visitas Tupiza, no dejes de ir y contemplar las obras que allí se encuentran. 



Gracias che, prima.

Nedda Ramírez Rivas

20 de julio de 2026

Anécdotas de la Feria del Maíz: Los Mal Paso en Villa Remedios

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Como muchos ya saben, el sábado pasado tuve el gusto de asistir a la inauguración de la “Feria de Santa Anita”. Dicho sea de paso, es la feria de más larga duración de la que tenga conocimiento, pues se realiza por aproximadamente tres meses en diferentes locaciones. Así, este año inició el 18 de julio en la calle Santa Cruz (la “calle chueca”) y finalizará el 25 de octubre en Villa Las Delicias (barrio San Gerardo).

En la “calle chueca” tuve el gusto de coincidir, entre otros amigos y conocidos, con la Nedda y el “Watila”, queridos personajes de la “Joya Bella de Bolivia”. Pero también de encontrarnos y compartir unas salteñitas elaboradas por el “Pataco” (otro personaje querido del “Pueblito Encantau”), con Lili y Ketty, las hermanitas del “Pluto” y cuñadas del “Cherro”. Luego nos dirigimos con mis hermanos Mal Paso —el “Chuflay” y el “Morete”— a la XXIX Expo Feria del Maíz, que se desarrolló en el campo ferial de Villa Remedios, para cascarle un plato de pataska uchu y unos vinos pateros.


Así ubicamos el puesto de Bodegas Bejarano, que ofrecía una variedad de bebidas espirituosas como ser: licor de membrillo (“miembrillo”, dicen algunos), de granada, singani y vinos oporto y de mesa (blanco y tinto). De este último, luego de probar una copa, ipso pucho pedimos una botella y empezamos a deleitarnos con el rojo elixir. Ahí nomás aparecieron el “Nanito” e Ismael “el Wichico” Vargas que, a modo de calentar el garguero para su actuación, daba una vuelta con su tío saludando y brindando con sus amistades.

Gracias a conocidos y amigos que pasaban por donde nos encontrábamos, y a fuerza de compartir con ellos el vino que —¡pa' qué es decir!— rico estaba, se acabó antes de lo esperado. Por eso incité a los muchachos a que fuéramos a otro puesto en el que, según dijo don Pedro, tenían también un buen vino.

Llegando al citado puesto, pedimos prontamente una botella de rojo vino que, para nuestro gusto, distaba mucho de ser de nuestro agrado. Pero estando ya abierta y pagada la botella, había nomás que consumirla (tampoco era tan malo como para no poder beberlo).

En este segundo puesto volvimos a encontrarnos con la Nedda, quien aceptó un vaso de vino para probar y luego dijo que iba a “vichar” por ahí. A lo que el “Chuflay” le preguntó por qué no quería cascarle con los Mal Paso, y ella retrucó diciendo que la época de ser Mal Paso ya había pasado para ella (o algo por el estilo).

Ese breve diálogo entre la Nedda y el “Chuflay”, que no escuché bien, había sido no obstante atentamente seguido por un paisano que ya mostraba signos evidentes de haber catado tragos de diferente tipo y en buena cantidad. Sí, eso: ya estaba machau el cangrejo. La cuestión es que lanzó el siguiente comentario mientras miraba alejarse a nuestra amiga:

—¡Ja! Dice que es de Mal Paso. ¡Yo soy de Mal Paso!

¿Pa' qué diría eso? Que clarito escuchamos los tres Mal Paso allí presentes e, inmediatamente, el “Chuflay” le saltó con que nosotros, como ella, éramos de Mal Paso. Cosa que, obviamente, pese al medio pedal que traía encima, no fue aceptado por el paisano, quien lanzó un:

—¿Qué, pues? Yo a ustedes nunca los he visto (en Mal Paso).

Mientras tanto, el “Cuchuflete”, luego de asegurarse si el nombre iba en mi tatuaje, le respondió diciéndole que le iba a demostrar de dónde era este servidor y si él tenía pruebas de su origen.

Metidos ya en el baile, prestamente me arremangué y le mostré la parte inferior de mi tatuaje al tiempo que le señalaba donde se lee “MAL PASO”. Esto le hizo parpadear y acercarse para leer mejor (¡cómo es posible!, seguro pensó). Mientras, los tres le insistimos en que esa era prueba suficiente de lo que afirmábamos ser, y le preguntamos cuál era la evidencia que él tenía, porque, además, nosotros no lo conocíamos y nunca lo habíamos visto con los Mal Paso.

¡Ja, ja, ja, ja! Le dijimos tantas cosas... entre ellas, que yo había salido chango para las Europas y que estaba volviendo de Italia para visitar el pago. Sin t'ijcho quedó el paisano y aceptando —mientras me miraba de reojo— el vaso de vino que el “Chuflay” le pasó, luego de cascarle un seco, finalmente reconoció:

—Sí, creo que a él lo he visto (en Mal Paso). Por ahí abajo, a la vuelta del río, creo que vivías, ¿no ve?

¡QLP! Creo que con la confusión que le causamos y ante la prueba irrefutable de quién era de Mal Paso, se le acabó de subir el trago. Luego de darnos la mano y un abrazo entre paisanos que se veían después de años, se alejó pensando seguro en dónde siempre me había visto antes, mientras el trío de atorrantes apenas aguantaba la carcajada entre mutuas acusaciones de ser unos abusivos con el pobre machau.

En eso nos encontrábamos cuando vimos que reapareció el “Watila”. También llegó al puesto el “Wichico”, quien nos ayudó con una copa de vino antes de alejarse, y le pedimos que le dijera al “Watila” dónde estábamos. Así que se arrimó éste y pese a contarnos que por su presión alta el vino le hacía daño, igual nos ayudó a terminar la mentada botella (que, para pesar nuestro y aunque invitamos a varios, no se terminaba). Tras eso, decidimos volver al puesto inicial, que además estaba al lado del lugar donde el “Chuflay” recomendaba que le cascáramos nuestro plato de pataska.

Compramos, pues, otra botella de vino y nos instalamos en una mesa donde, a pesar del viento que ya arreciaba con más fuerza, disfrutamos nuestro platito de pataska uchu, preparado con cuatro carnes como debe ser. Aunque el “Morete” no terminó muy satisfecho, pues no le tocó ni un pedacito de panza, que era lo que deseaba. “Tarde piaste, marqués”, pensé decirle, porque el “Chuflay” y yo ya habíamos terminado todo; si no, por supuesto que le hubiéramos convidado de nuestros platos.

Así, aunque no lo crean nuestros admiradores (admiradoras y detractores también), bien comidos y con tres botellas de vino (apenas) en el garguero, decidimos volver a Tupiza, donde con la alegría del encuentro y del sofocón que le hicimos pasar al paisano de Mal Paso, nos recogimos... no sin antes cascarle seis chelitas para asentar nomás.

22 de abril de 2026

Año uno después de ti

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Un año ha transcurrido, amor mío, desde aquel aciago día en que tus ojitos se cerraron para siempre y con ellos toda mi esperanza, dejando mi vida vacía y llena de pesar.

​Sin embargo, el dolor se mitiga al saber que tú, mi amada Angelita, ya no sufres y descansas por fin de las tribulaciones de este mundo. Me sostengo en tu recuerdo y en el amor que me diste; ellos son mi fuerza para continuar hasta que, ojalá, el destino nos permita reencontrarnos y recorrer, al fin, esa senda que nos quedó pendiente.

9 de abril de 2026

¿Más vale tarde que nunca?

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Tupiza y la infraestructura que llega tras el Bicentenario

Ya pasaron los ecos de los festejos por los 200 años de nuestra Bolivia. En diciembre pasado, escribía en este espacio sobre "Tupiza: destino del Bicentenario" (para [re]leerla pulsa o haz clic aquí), analizando el papel que nuestra tierra debía jugar en este nuevo ciclo de vida republicana.

​¡Vaya sorpresa! Caminando por nuestras calles en este febrero de 2026, me encontré con una novedad que salta a la vista: la instalación de uno de estos módulos de descanso y puntos de información turística que pueden ver en las fotos.

Un avance que se hace esperar 

​Aunque las celebraciones centrales de agosto de 2025 quedaron atrás, ver esta estructura de color naranja vibrante genera una mezcla de sensaciones. Al momento de tomar estas fotos, solo pudimos constatar la existencia de este módulo; no sabemos aún cuántos más se han instalado en el radio urbano, aunque sinceramente esperamos que sean varios y que formen una verdadera red de apoyo para el visitante.

No tenemos la certeza de si su implementación es un eco tardío de lo que planteamos en la nota de diciembre o si finalmente se ejecutaron proyectos que estaban en el tintero municipal. Sea como sea, nos alegra. Es un avance real. Contar con un lugar digno para el descanso del peatón y, sobre todo, con mapas que ubiquen servicios básicos, museos y paradas, es algo que nuestra "Joya Bella de Bolivia" necesitaba hace mucho tiempo para profesionalizar su cara ante el turista.

La sombra en el mapa: El olvido del Ecoparque

Sin embargo, no todo es de color naranja. Al acercarnos al detalle de la señalética, surge la crítica necesaria: la omisión del "Ecoparque Encantado".


Y esta no es solo una observación aislada de este blog. Como bien señaló nuestro paisano José Luis Vargas en una publicación al respecto (pulsa o haz clic aquí para leerla), es difícil entender cómo se puede planificar una señalética turística dejando fuera a uno de nuestros paisajes más emblemáticos y mágicos. La crítica de José Luis refuerza lo que muchos sentimos: que, si bien la intención de modernizar es buena, el desconocimiento de nuestra propia geografía turística es un "punto ciego" que duele.

Si queremos consolidarnos como un destino de referencia en esta era post-Bicentenario, no podemos permitirnos estos descuidos. El Ecoparque Encantado no es solo un destino, es parte de nuestra identidad y merece estar presente en cada mapa oficial de la ciudad.

Conclusión

En fin, Tupiza sigue caminando. Quizás a un ritmo distinto al que dictan las efemérides, pero estos pasos en infraestructura urbana son señales de que el potencial de nuestra región no se agotó en una fiesta de agosto. Queda mucho por pulir y mucho por exigir —como la inclusión de todos nuestros tesoros naturales—, pero por ahora, saludamos este gesto de modernidad en las calles de nuestro "Pueblito Encantau", esperando que las autoridades tomen nota de estas (y otras) observaciones compartidas por los vecinos.

¿Ustedes ya lo usaron? ¿Qué otra ausencia, además del Ecoparque, notan en este mapa?

2 de abril de 2026

De Amor y Orgullo

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¿Por qué nos tatuamos las personas?

"Cosas de locos...", dirán algunos, y no les falta razón. Es una pregunta que muchos se hacen y otros tantos no entienden. ¿Es por moda? ¿Un momento de locura transitoria? ¿Un intento por salir de la rutina? ¿Otra forma de enviar mensajes? Quizás un poco de todo. 

Para algunos, un tatuaje, es solo decoración corporal. Para otros, es una forma de protesta o de pertenencia a una tribu. Pero para muchos de nosotros, un tatuaje es un mapa de identidad, una cicatriz voluntaria que cuenta una historia que no queremos olvidar y esperamos que no olviden. 

Y el que ven en la imagen, es exactamente eso. Es mi mapa de vida, mi mausoleo portátil, mi declaración de origen y mi homenaje a Angelita: mi amor, mi amada amante, la mujer que dio sentido a mi vida y quien a pesar de no estar ya a mi lado se ha convertido en una parte inseparable de mi ser y que, literalmente, llevo en la piel.

Si alguna vez nos cruzamos en el camino y diriges tu mirada a la parte superior de mi antebrazo, veras que allí, flanqueada por un par de alas, está ella: Angelita. Su rostro, con esa mirada profunda, ese cabello rizado y su sonrisa que tanto amé, es el núcleo de este diseño. El retrato es tan detallado que a veces siento que ella está ahí, mirándome, con ganas de besarme o cascarme por algo que dije o hice. Diciendo, mientras mueve la cabeza y muestra su puñito cerrado: —¡Ay, vidita, vidita!

Y aquí es donde entra la parte irónica de la vida. La muerte. Esa vieja conocida, que nos dicen que es parte de la vida, pero quizás solo sea la vida con otro traje, un traje más oscuro y siniestro. 

Pero sea otra o la misma damisela con diferente pilcha y sin peluca, la muerte es una auténtica aguafiestas que se encargó de separarnos, destruyendo nuestra ilusión de compartir enamorados nuestra vejez. Porque se la llevó muy pronto. Nos robó el derecho a ser dos viejecitos, acaso cascarrabias, quejándose del clima. ¿Y para qué? ¿Para que yo tuviera una historia conmovedora que contar? ¡Joder! Hubiera preferido una vejez aburrida, pero a su lado, antes que el dolor del vacío que dejó.

No obstante, a pesar de todo, a pesar de la crueldad de la muerte, Angelita, vive en mí. Y su rostro irá conmigo y será parte inseparable de mi piel, hasta que llegue el momento en que ella (la muerte) pase a recogerme. Y ojalá, entonces, los amantes podamos volver a reunirnos, si es que hay un más allá después de esta vida. Un más allá donde podamos continuar amándonos, compartiendo gustos y discutiendo por causas sin importancia, pero que le ponen sabor al día a día o al menos, donde yo pueda volver a sentir su cabecita reposando sobre mi pecho al final de la jornada.

Cuatro orgullos, una ruta

Pero la vida no solo es tragedia, también hay orgullo, mucho orgullo.

La segunda parte del tatuaje cuenta parte de mi historia. Tiene que ver con la época en que salí del Pueblito Encantau, "Q'ala siki" (casi como ahora), pero orgulloso de mi origen. 

Cuenta parte de la historia (solo parte, porque para los detalles, necesitaría por lo menos un capítulo del libro que mi hermano el Pluto me reclama que escriba de una vez) cuando en las diferentes reuniones con compañeros de estudio y luego colegas, que no entendían cómo era posible que ante el inevitable ¿de dónde eres? respondía "de Tupiza" y no citando al departamento del que, vaya a saber porqué razones, es parte la provincia Sud Chichas.

Con paciencia repetía, a todos los que inquirían el motivo de afirmar ser tupiceño y no otra cosa, y luego de explicar una y otra vez nuestra historia, terminaba manifestando que tenía tres orgullos en mi vida: Ser tupiceño, boliviano y de Mal Paso.

Y así es que, en esta parte del tatuaje, los colores explotan mostrando la tricolor boliviana y la azul grana tupiceña. Y justo en el centro del diseño, con gafas de sol y un peinado "tujchi-afro", con ropa formal y montado en una motocicleta tipo chopper: El "Hippie" —querido personaje salido de la imaginación de nuestro hermano Mal Paso, el "Lagarto" Ramírez—, la mascota de mi club: el Club Deportivo y Cultural Mal Paso, cuyo nombre se destaca flanqueando la moto.

Y si miran con atención, para que no se olvide de dónde vengo, a la derecha de la moto está la figura sutil de un jinete en su caballo. El jinete chicheño, un jinete libre y valiente, como mis raíces chicheñas. Y este es el cuarto orgullo de mi vida, "ser chicheño".

Así que, si me ves en La Paz, en Tupiza o en cualquier otro lugar, no solo ves a un tipo con un tatuaje complejo. Ves mi historia. Una historia de amor que desafía a la muerte, de raíces profundas que me impulsan, y de una historia que (me) recuerda de dónde vengo.

¿Y tú? ¿Qué historia llevas en la piel? Cuéntamelo en los comentarios.

12 de marzo de 2026

¿Adorno o Protección? Los Hidrantes Silenciosos de Tupiza

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Hay algo en el color rojo desgastado de los hidrantes contra el sol intenso de Tupiza que resulta profundamente nostálgico. Es una imagen que encaja perfecto con la mística de nuestro "Pueblito Encantau", creando una mezcla de belleza pintoresca y calma provinciana. Sin embargo, tras esa fachada romántica, surge una inquietud que no podemos ignorar: ¿son estos centinelas una garantía de seguridad o simplemente parte del decorado?

El Misterio de la Conexión

Al caminar por las aceras desgastadas o verlos junto a los árboles de la plaza, estos hidrantes parecen guardianes del tiempo. Pero la pregunta técnica es vital: ¿están realmente conectados? En muchas ciudades que han crecido de forma irregular, estas piezas suelen quedar aisladas tras remodelaciones de calles o cambios en las tuberías principales. Sin una red de agua con la presión suficiente, estos postes de hierro se convierten en "fantasmas urbanos" que no servirían de nada en una emergencia.

¿Quién Respondería al Llamado?

La incertidumbre va más allá de los tubos bajo tierra. Como ciudadanos, nos planteamos tres dudas razonables:

¿Existe un cuerpo de bomberos activo y equipado en Tupiza?

¿Contamos con un carro bomba funcional y con los acoples compatibles para estos hidrantes?

Vimos dos, pero ¿cuántos hidrantes hay en la Joya Bella de Bolivia y son suficientes?

En un pueblo (sí , ciudad, pero no se enojen) con tanto patrimonio arquitectónico, estructuras antiguas y techos de materiales inflamables en los alrededores, la falta de un servicio de emergencia local y moderno es una vulnerabilidad crítica.

Un Llamado a la Acción

Ver estos hidrantes bajo la luz de la tarde nos recuerda que la seguridad de un pueblo no debe ser un elemento decorativo. Es fundamental que las autoridades locales aclaren el estado real de la red contra incendios. No esperemos a que el "encanto" de Tupiza se vea amenazado para saber si estos equipos funcionan.

¿Tú qué opinas? ¿Has visto alguna vez a los bomberos realizar pruebas en estos hidrantes o son, para ti también, solo una parte nostálgica del paisaje?

26 de febrero de 2026

Club Deportivo Ferroviario de Tupiza

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Por: Lic. Víctor Burgos Burgos

La inquietud de escribir pareciera ser una facultad inherente a los nacidos en la hermosa Tupiza, es como dice el renombrado periodista tupiceño don Juan Carlos Salazar (Gato) “los tupiceños nacemos con el propósito o designio de escribir”, será por ello que me gusta recordar y pergeñar unos escritos relacionados, con la tierra que me vio nacer. 

El éxito que alcanzó la práctica del deporte en Tupiza, impulsó la organización de sociedades de trabajadores, juventud, colegios y a la misma población para que se ocupe de proveer de campos deportivos, en este caso recordemos una organización que como pocas supo construir campos deportivos, el “Club Deportivo Ferroviario”.

Es así que autoridades del Ex Ferrocarril Villazón Atocha, encargaron conjuntamente con el “Club Deportivo Ferroviario”, construir campos deportivos adecuados para la práctica de deportes como el fútbol, el baloncesto, el tenis y la pelota de mano, participando activamente en la construcción del estadio de fútbol de Tupiza, en su momento dichos campos fueron y siguen siendo monumentos dedicados a la cultura física de los tupiceños. 

En agosto del pasado año 2025 la Alcaldía de Tupiza, logró consolidar el derecho propietario por efecto de la Ley de Participación Popular, de los predios de las canchas de básquet, tenis y el frontón, esperemos que en los tres casos el trabajo de mantenimiento y mejoramiento a realizar sea positivo, para bien de la juventud chicheña.

EL FÚTBOL

Indudablemente el Club Deportivo Ferroviario, fue uno de los abanderados del deporte tupiceño. ¿Quién puede olvidar los clásicos chicheños entre el Ferroviario y el Huracán? En el Ferro destacaron integrantes que, luego de brillar en Tupiza, participaron activamente en clubes nacionales e incluso internacionales, no obstante, deberemos dejar pendiente escribir sobre los éxitos del club ya que su rico historial merece una separata especial.   

EL BALONCESTO 

Disponer de un balón Wilson para la práctica del básquet en Tupiza, en aquellos lejanos años de las décadas sesenta y setenta del siglo XX recién pasado y jugar este hermoso deporte era algo muy apreciado, considerando que pocos podían lucir su balón cual si fuera un trofeo, lo que condicionaba su participación obligatoria en el juego pues si no fuera de este modo cargaba su trofeo y no había partido. 

Fue muy importante disponer de la cancha de básquet, porque no había muchos campos deportivos en aquellos tiempos. La cancha del Club Deportivo Ferroviario fue escenario del desarrollo del baloncesto en Tupiza, de sendos torneos organizados por la Asociación de Básquet de los Chichas y la participación de clubes tupiceños --que animaban torneos importantes que merecieron siempre la presencia de un público entusiasta que disfrutaba de estos eventos-- entre ellos el Club Deportivo Ferroviario.

El Ferroviario, auspició siempre conjuntos muy representativos en damas y varones, campeonando en varias gestiones, compartiendo así glorias con equipos similares como Atlético Tupiza (con Raúl Andrade B., Saturnino Vargas, Waldo Guerra, Mario Santa Cruz, Eduardo Navarro Juan Quispe y muchos otros). Resaltaban también los elencos como Suipacha y Aurora de Villa Fátima en el que los hermanos Flor sobresalían con nítidas participaciones, el club Bambinos en el que resaltaban David Arequipa y Luis Vargas, además en un tiempo compitió un importante conjunto del Regimiento Chichas también con buen desempeño. 

Por supuesto, competimos en torneos nacionales y en intercambios deportivos con clubes del sur del país y equipos del Norte Argentino, lo que nos demandó viajar bastante. 

Los elencos destacados casi permanentemente tanto en damas como en varones fueron relevantes.  En damas cómo no acordarnos de: Ana Illanes, Claudina Gonzales, Martha Cedro, las hermanas Solares, Teresa Quespía, Elsa Núñez, Yolanda Giardini, Jael Benguria, Vicenta Ortega, Jael Arce, Elena Vedia, Maruja Ramírez y muchas otras, así como del conjunto masculino con: Guillermo Quispe, Víctor Burgos, Hugo Burgos, Willy Salazar, Edwin Ruegemberg, Fernando Ferrufino, Alfonzo Armendia, Ignacio Andrade, Walter Núñez, Milton Michel, Víctor Llanos, Ramiro Illanes, Jaime Thames, Daniel Cortez y Carlos Gonzales, así como muchos otros más que brindaron su concurso para logros que la memoria debe recoger, por el esfuerzo denodado, por demostrar el alto nivel en el que se participaba en sendos torneos organizados por la Asociación de Baloncesto de Tupiza.      

Hablar del “Club Deportivo Ferroviario” estaría incompleto de no mencionar el esfuerzo y dedicación que le pusieron dirigentes como los señores: Juan Pérez, Liborio Aramayo, Ernesto Leaño, Víctor Burgos Jerez, Raúl Andrade, Basilio Vidaurre, Eulogio Soza, Abel Daza, Simón Tejerina, Walter Fernández, Reynaldo Oporto, y muchos otros. También merece considerar que en la Asociación hubo dirigentes de la talla de don Eduardo Mostajo y don Walter Fernández A.

En conclusión, considero justo rendir homenaje a esta benemérita institución que nació el 27 de abril de 1927 y tomando en cuenta que el próximo año 2027, el Ferro cumplirá 100 años de vida al servicio del deporte chicheño, es menester que socios, jugadores y el pueblo deportivo de Tupiza, así como sus autoridades, se preocupen por que se destaque aquel suceso tal cual se merece una entidad como el “Club Deportivo  Ferroviario de Tupiza”. 

28 de enero de 2026

Alfredo Domínguez, un resumen biográfico

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Entre otras notas de prensa un periódico de Ginebra le pide a Domínguez un resumen biográfico. 

Él escribe así: 

Nací en el sur de Bolivia, aprendí música a los 12 años, en Argentina, con los trabajadores de la caña de azúcar. Cada noche, nos reuníamos alrededor de una fogata para cantar y tocar. Aprendí a tocar la guitarra observando a un músico. Al regresar a Bolivia, trabajé en un circo como obrero, mi jardín secreto era la guitarra. Luego me fui a La Paz, a los 18 años, para convertirme en... futbolista y guitarrista. Un director de teatro me dijo que había muchos buenos deportistas, pero que como guitarrista, podría ser único. Pasé por la radio y en 1968, en Argentina, gané la medalla de oro del Festival Latinoamericano.

A los 28 años, fue la consagración. He tocado como solista y mi recital cuenta historias de la mina donde miembros de mi familia tuvieron un final trágico. Quiero resaltar la dignidad del hombre que sufre. Desde 1969, hago idas y venidas entre Europa y mi país. Ya he estado en Rusia, Inglaterra, Francia, Bélgica, Suecia, Alemania y Suiza. En 1976, en Ginebra, la Sociedad de Artes me otorgó un premio por mis aguafuertes. Los días 9 y 10 de diciembre, doy un concierto en la sala Patiño y, el 13, estoy invitado a la Universidad de Zúrich. Soy optimista. 

(Domínguez, La Suisse, 3 de diciembre de 1977)

Tomado del libro "Vida, Pasión y Muerte de Alfredo Domínguez" de Sergio Calero Cueto.