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18 de octubre de 2026

¡Pucha, Lagarto hermano!

Los sentimientos que poblaron mi ser fueron tan diversos como las situaciones que motivaron mis viajes de regreso al pago querido. De alegría las más de las veces, cuando estudiantes y jóvenes regresamos a festejar los carnavales o las fiestas de fin de año; de tristeza cuando se fueron mis papás, José Alberto y Segundina; también de angustia cuando nos enteramos de la difícil situación de salud que atravesaba Bethzabe Claudina, mi mamá, y de emergencia nos embarcamos con Angelita para acudir prestos a su lecho de enferma.

En fin, hubo de todo, Vladi queriu, pero ninguna se asemeja a la sensación de pesar que ronda y entristece mis pensamientos porque, enterado del trágico final de tus días, no puedo evitar pensar cómo fue posible que la vida de un tipo macanudo como fuiste —porque vaya que sí eras un chango de lo mejor— haya devenido en ese final inmerecido.


¡Pucha, Lagarto hermano! No recuerdo (#paquesdecir) el momento en que nos conocimos, pero abriéndose paso entre la bruma de la tristeza llegan los recuerdos de aquella vez que, frente a tu casa, estampamos la imagen de una gran araña negra —cuya viñeta preparaste— en la espalda de las poleras anaranjadas que usaríamos como distintivo los "Spiders". Sí, de los "espideres", como nos decías mientras sonreías. Seguro que ya te encontraste y comentaron al respecto con el Sherpa, el Percy y el Gorila, que eran "Spiders" en ese entonces y partieron antes que tú.

Cómo no recordar también que contigo al lado fue que ingresé luego multitud de veces al mítico y temido "Barrio Obrero", hasta conseguir que tus vecinos me aceptaran como amigo y hasta llegar con algunos de ellos a ser parte de "La Barricada". ¡Ja! Si hubieran sabido que mis intenciones al ingresar a su barrio no estaban motivadas justamente por lograr su amistad, sino la de las lindas tupiceñas que habitaban en él.

Y después llegó Mal Paso, y la genialidad autodidacta de tus dotes artísticas nos entregó la figura del hippie que se convirtió en la mascota y figura del club. Figura que pintaste en una blanca tela y que, no sé por qué, los hermanos Mal Paso me dieron el honor de conservar; gesto el suyo que creo que nunca agradecí lo suficiente.


¡Pucha, Lagarto hermano! Cómo es posible que te fueras así, de repente y sin dejar lugar a que nadie se despidiera de ti. Si hasta parece que hubieras querido, como una salida magistral de escena, hacerlo sin que nadie supiera que eras tú el que partía.

Conservo y preservaré la foto que me entregaste después de aquella noche de copas en que te encontramos con el Chuflay en un boliche cuyo nombre no recuerdo y del cual tampoco sé cómo salimos. "Los Mal Paso cuando eran changos", dijiste al pasármela junto con la foto de alguna de las chicas Mal Paso, rodeadas de sus wawas.

¡Pucha, Lagarto hermano! Cómo iba a imaginar que ese era el último día que te veía con vida, lagartija. Cómo pensar que las cervezas que tomamos entonces con el Leo —a quien fotografiaste (creo que pícaramente) justo en el momento en que parecía querer agarrarme a cogotazos— serían las últimas que libaríamos juntos, y que el helado que compartimos sentados en la plaza mientras hablábamos, como siempre, de temas variados, serían los primeros y últimos a su vez.

¡Pucha, Lagarto hermano! Creí entonces que los videos del carnaval tupiceño que con tanto entusiasmo me animaste a comprar los veríamos juntos algún día, y ahora ni siquiera sé si podré verlos alguna vez sin que la imagen de tu dolorosa y abrupta partida empañe la alegría carnavalera.

¡Joder, Vladi! Nos dejaste sin t'ixcho y sin tu presencia física, pero el recuerdo de los momentos compartidos contigo, con los "Spiders", con La Barricada y con los Mal Paso acompañará nuestros días hasta que a su vez llegue el momento de nuestra partida y tengamos la fortuna —si es que acaso existe un lugar donde se encuentran las personas (amigos, amadas y seres queridos) que dejan esta vida—. Mientras tanto, ahora sabemos que hay una tumba en la que te encuentras y que seguro iremos a visitar para manifestarte nuestro respeto y cariño, y quién sabe, tal vez para llorar un rato por tu amistad, por tu partida y por la bronca de no haber estado cuando nos necesitaste.

En memoria de mi hermano Mal Paso, Vladimir Ramírez Rivas, genial artista autodidacta tupiceño que nos dejó, trepado tal vez a la grupa del Tata Santiago, un fatídico día de julio de 2026, sin que nos diéramos cuenta de su partida.


En algún lugar de la ruta que me lleva de regreso a Tupiza, julio 17 de 2026.


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