Sin embargo, el dolor se mitiga al saber que tú, mi amada Angelita, ya no sufres y descansas por fin de las tribulaciones de este mundo. Me sostengo en tu recuerdo y en el amor que me diste; ellos son mi fuerza para continuar hasta que, ojalá, el destino nos permita reencontrarnos y recorrer, al fin, esa senda que nos quedó pendiente.
22 de abril de 2026
Año uno después de ti
9 de abril de 2026
¿Más vale tarde que nunca?
Tupiza y la infraestructura que llega tras el Bicentenario
Ya pasaron los ecos de los festejos por los 200 años de nuestra Bolivia. En diciembre pasado, escribía en este espacio sobre "Tupiza: destino del Bicentenario" (para [re]leerla pulsa o haz clic aquí), analizando el papel que nuestra tierra debía jugar en este nuevo ciclo de vida republicana.¡Vaya sorpresa! Caminando por nuestras calles en este febrero de 2026, me encontré con una novedad que salta a la vista: la instalación de uno de estos módulos de descanso y puntos de información turística que pueden ver en las fotos.
Un avance que se hace esperar
Aunque las celebraciones centrales de agosto de 2025 quedaron atrás, ver esta estructura de color naranja vibrante genera una mezcla de sensaciones. Al momento de tomar estas fotos, solo pudimos constatar la existencia de este módulo; no sabemos aún cuántos más se han instalado en el radio urbano, aunque sinceramente esperamos que sean varios y que formen una verdadera red de apoyo para el visitante.
No tenemos la certeza de si su implementación es un eco tardío de lo que planteamos en la nota de diciembre o si finalmente se ejecutaron proyectos que estaban en el tintero municipal. Sea como sea, nos alegra. Es un avance real. Contar con un lugar digno para el descanso del peatón y, sobre todo, con mapas que ubiquen servicios básicos, museos y paradas, es algo que nuestra "Joya Bella de Bolivia" necesitaba hace mucho tiempo para profesionalizar su cara ante el turista.La sombra en el mapa: El olvido del Ecoparque
Sin embargo, no todo es de color naranja. Al acercarnos al detalle de la señalética, surge la crítica necesaria: la omisión del "Ecoparque Encantado".
Y esta no es solo una observación aislada de este blog. Como bien señaló nuestro paisano José Luis Vargas en una publicación al respecto (pulsa o haz clic aquí para leerla), es difícil entender cómo se puede planificar una señalética turística dejando fuera a uno de nuestros paisajes más emblemáticos y mágicos. La crítica de José Luis refuerza lo que muchos sentimos: que, si bien la intención de modernizar es buena, el desconocimiento de nuestra propia geografía turística es un "punto ciego" que duele.
Si queremos consolidarnos como un destino de referencia en esta era post-Bicentenario, no podemos permitirnos estos descuidos. El Ecoparque Encantado no es solo un destino, es parte de nuestra identidad y merece estar presente en cada mapa oficial de la ciudad.
Conclusión
En fin, Tupiza sigue caminando. Quizás a un ritmo distinto al que dictan las efemérides, pero estos pasos en infraestructura urbana son señales de que el potencial de nuestra región no se agotó en una fiesta de agosto. Queda mucho por pulir y mucho por exigir —como la inclusión de todos nuestros tesoros naturales—, pero por ahora, saludamos este gesto de modernidad en las calles de nuestro "Pueblito Encantau", esperando que las autoridades tomen nota de estas (y otras) observaciones compartidas por los vecinos.
¿Ustedes ya lo usaron? ¿Qué otra ausencia, además del Ecoparque, notan en este mapa?
2 de abril de 2026
De Amor y Orgullo
¿Por qué nos tatuamos las personas?
"Cosas de locos...", dirán algunos, y no les falta razón. Es una pregunta que muchos se hacen y otros tantos no entienden. ¿Es por moda? ¿Un momento de locura transitoria? ¿Un intento por salir de la rutina? ¿Otra forma de enviar mensajes? Quizás un poco de todo.Para algunos, un tatuaje, es solo decoración corporal. Para otros, es una forma de protesta o de pertenencia a una tribu. Pero para muchos de nosotros, un tatuaje es un mapa de identidad, una cicatriz voluntaria que cuenta una historia que no queremos olvidar y esperamos que no olviden.
Y el que ven en la imagen, es exactamente eso. Es mi mapa de vida, mi mausoleo portátil, mi declaración de origen y mi homenaje a Angelita: mi amor, mi amada amante, la mujer que dio sentido a mi vida y quien a pesar de no estar ya a mi lado se ha convertido en una parte inseparable de mi ser y que, literalmente, llevo en la piel.
Si alguna vez nos cruzamos en el camino y diriges tu mirada a la parte superior de mi antebrazo, veras que allí, flanqueada por un par de alas, está ella: Angelita. Su rostro, con esa mirada profunda, ese cabello rizado y su sonrisa que tanto amé, es el núcleo de este diseño. El retrato es tan detallado que a veces siento que ella está ahí, mirándome, con ganas de besarme o cascarme por algo que dije o hice. Diciendo, mientras mueve la cabeza y muestra su puñito cerrado: —¡Ay, vidita, vidita!Y aquí es donde entra la parte irónica de la vida. La muerte. Esa vieja conocida, que nos dicen que es parte de la vida, pero quizás solo sea la vida con otro traje, un traje más oscuro y siniestro.
Pero sea otra o la misma damisela con diferente pilcha y sin peluca, la muerte es una auténtica aguafiestas que se encargó de separarnos, destruyendo nuestra ilusión de compartir enamorados nuestra vejez. Porque se la llevó muy pronto. Nos robó el derecho a ser dos viejecitos, acaso cascarrabias, quejándose del clima. ¿Y para qué? ¿Para que yo tuviera una historia conmovedora que contar? ¡Joder! Hubiera preferido una vejez aburrida, pero a su lado, antes que el dolor del vacío que dejó.
No obstante, a pesar de todo, a pesar de la crueldad de la muerte, Angelita, vive en mí. Y su rostro irá conmigo y será parte inseparable de mi piel, hasta que llegue el momento en que ella (la muerte) pase a recogerme. Y ojalá, entonces, los amantes podamos volver a reunirnos, si es que hay un más allá después de esta vida. Un más allá donde podamos continuar amándonos, compartiendo gustos y discutiendo por causas sin importancia, pero que le ponen sabor al día a día o al menos, donde yo pueda volver a sentir su cabecita reposando sobre mi pecho al final de la jornada.Cuatro orgullos, una ruta
Pero la vida no solo es tragedia, también hay orgullo, mucho orgullo.
La segunda parte del tatuaje cuenta parte de mi historia. Tiene que ver con la época en que salí del Pueblito Encantau, "Q'ala siki" (casi como ahora), pero orgulloso de mi origen.
Cuenta parte de la historia (solo parte, porque para los detalles, necesitaría por lo menos un capítulo del libro que mi hermano el Pluto me reclama que escriba de una vez) cuando en las diferentes reuniones con compañeros de estudio y luego colegas, que no entendían cómo era posible que ante el inevitable ¿de dónde eres? respondía "de Tupiza" y no citando al departamento del que, vaya a saber porqué razones, es parte la provincia Sud Chichas.Con paciencia repetía, a todos los que inquirían el motivo de afirmar ser tupiceño y no otra cosa, y luego de explicar una y otra vez nuestra historia, terminaba manifestando que tenía tres orgullos en mi vida: Ser tupiceño, boliviano y de Mal Paso.
Y así es que, en esta parte del tatuaje, los colores explotan mostrando la tricolor boliviana y la azul grana tupiceña. Y justo en el centro del diseño, con gafas de sol y un peinado "tujchi-afro", con ropa formal y montado en una motocicleta tipo chopper: El "Hippie" —querido personaje salido de la imaginación de nuestro hermano Mal Paso, el "Lagarto" Ramírez—, la mascota de mi club: el Club Deportivo y Cultural Mal Paso, cuyo nombre se destaca flanqueando la moto.Y si miran con atención, para que no se olvide de dónde vengo, a la derecha de la moto está la figura sutil de un jinete en su caballo. El jinete chicheño, un jinete libre y valiente, como mis raíces chicheñas. Y este es el cuarto orgullo de mi vida, "ser chicheño".
Así que, si me ves en La Paz, en Tupiza o en cualquier otro lugar, no solo ves a un tipo con un tatuaje complejo. Ves mi historia. Una historia de amor que desafía a la muerte, de raíces profundas que me impulsan, y de una historia que (me) recuerda de dónde vengo.
¿Y tú? ¿Qué historia llevas en la piel? Cuéntamelo en los comentarios.







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