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20 de julio de 2026

Anécdotas de la Feria del Maíz: Los Mal Paso en Villa Remedios

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Como muchos ya saben, el sábado pasado tuve el gusto de asistir a la inauguración de la “Feria de Santa Anita”. Dicho sea de paso, es la feria de más larga duración de la que tenga conocimiento, pues se realiza por aproximadamente tres meses en diferentes locaciones. Así, este año inició el 18 de julio en la calle Santa Cruz (la “calle chueca”) y finalizará el 25 de octubre en Villa Las Delicias (barrio San Gerardo).

En la “calle chueca” tuve el gusto de coincidir, entre otros amigos y conocidos, con la Nedda y el “Watila”, queridos personajes de la “Joya Bella de Bolivia”. Pero también de encontrarnos y compartir unas salteñitas elaboradas por el “Pataco” (otro personaje querido del “Pueblito Encantau”), con Lili y Ketty, las hermanitas del “Pluto” y cuñadas del “Cherro”. Luego nos dirigimos con mis hermanos Mal Paso —el “Chuflay” y el “Morete”— a la XXIX Expo Feria del Maíz, que se desarrolló en el campo ferial de Villa Remedios, para cascarle un plato de pataska uchu y unos vinos pateros.


Así ubicamos el puesto de Bodegas Bejarano, que ofrecía una variedad de bebidas espirituosas como ser: licor de membrillo (“miembrillo”, dicen algunos), de granada, singani y vinos oporto y de mesa (blanco y tinto). De este último, luego de probar una copa, ipso pucho pedimos una botella y empezamos a deleitarnos con el rojo elixir. Ahí nomás aparecieron el “Nanito” e Ismael “el Wichico” Vargas que, a modo de calentar el garguero para su actuación, daba una vuelta con su tío saludando y brindando con sus amistades.

Gracias a conocidos y amigos que pasaban por donde nos encontrábamos, y a fuerza de compartir con ellos el vino que —¡pa' qué es decir!— rico estaba, se acabó antes de lo esperado. Por eso incité a los muchachos a que fuéramos a otro puesto en el que, según dijo don Pedro, tenían también un buen vino.

Llegando al citado puesto, pedimos prontamente una botella de rojo vino que, para nuestro gusto, distaba mucho de ser de nuestro agrado. Pero estando ya abierta y pagada la botella, había nomás que consumirla (tampoco era tan malo como para no poder beberlo).

En este segundo puesto volvimos a encontrarnos con la Nedda, quien aceptó un vaso de vino para probar y luego dijo que iba a “vichar” por ahí. A lo que el “Chuflay” le preguntó por qué no quería cascarle con los Mal Paso, y ella retrucó diciendo que la época de ser Mal Paso ya había pasado para ella (o algo por el estilo).

Ese breve diálogo entre la Nedda y el “Chuflay”, que no escuché bien, había sido no obstante atentamente seguido por un paisano que ya mostraba signos evidentes de haber catado tragos de diferente tipo y en buena cantidad. Sí, eso: ya estaba machau el cangrejo. La cuestión es que lanzó el siguiente comentario mientras miraba alejarse a nuestra amiga:

—¡Ja! Dice que es de Mal Paso. ¡Yo soy de Mal Paso!

¿Pa' qué diría eso? Que clarito escuchamos los tres Mal Paso allí presentes e, inmediatamente, el “Chuflay” le saltó con que nosotros, como ella, éramos de Mal Paso. Cosa que, obviamente, pese al medio pedal que traía encima, no fue aceptado por el paisano, quien lanzó un:

—¿Qué, pues? Yo a ustedes nunca los he visto (en Mal Paso).

Mientras tanto, el “Cuchuflete”, luego de asegurarse si el nombre iba en mi tatuaje, le respondió diciéndole que le iba a demostrar de dónde era este servidor y si él tenía pruebas de su origen.

Metidos ya en el baile, prestamente me arremangué y le mostré la parte inferior de mi tatuaje al tiempo que le señalaba donde se lee “MAL PASO”. Esto le hizo parpadear y acercarse para leer mejor (¡cómo es posible!, seguro pensó). Mientras, los tres le insistimos en que esa era prueba suficiente de lo que afirmábamos ser, y le preguntamos cuál era la evidencia que él tenía, porque, además, nosotros no lo conocíamos y nunca lo habíamos visto con los Mal Paso.

¡Ja, ja, ja, ja! Le dijimos tantas cosas... entre ellas, que yo había salido chango para las Europas y que estaba volviendo de Italia para visitar el pago. Sin t'ijcho quedó el paisano y aceptando —mientras me miraba de reojo— el vaso de vino que el “Chuflay” le pasó, luego de cascarle un seco, finalmente reconoció:

—Sí, creo que a él lo he visto (en Mal Paso). Por ahí abajo, a la vuelta del río, creo que vivías, ¿no ve?

¡QLP! Creo que con la confusión que le causamos y ante la prueba irrefutable de quién era de Mal Paso, se le acabó de subir el trago. Luego de darnos la mano y un abrazo entre paisanos que se veían después de años, se alejó pensando seguro en dónde siempre me había visto antes, mientras el trío de atorrantes apenas aguantaba la carcajada entre mutuas acusaciones de ser unos abusivos con el pobre machau.

En eso nos encontrábamos cuando vimos que reapareció el “Watila”. También llegó al puesto el “Wichico”, quien nos ayudó con una copa de vino antes de alejarse, y le pedimos que le dijera al “Watila” dónde estábamos. Así que se arrimó éste y pese a contarnos que por su presión alta el vino le hacía daño, igual nos ayudó a terminar la mentada botella (que, para pesar nuestro y aunque invitamos a varios, no se terminaba). Tras eso, decidimos volver al puesto inicial, que además estaba al lado del lugar donde el “Chuflay” recomendaba que le cascáramos nuestro plato de pataska.

Compramos, pues, otra botella de vino y nos instalamos en una mesa donde, a pesar del viento que ya arreciaba con más fuerza, disfrutamos nuestro platito de pataska uchu, preparado con cuatro carnes como debe ser. Aunque el “Morete” no terminó muy satisfecho, pues no le tocó ni un pedacito de panza, que era lo que deseaba. “Tarde piaste, marqués”, pensé decirle, porque el “Chuflay” y yo ya habíamos terminado todo; si no, por supuesto que le hubiéramos convidado de nuestros platos.

Así, aunque no lo crean nuestros admiradores (admiradoras y detractores también), bien comidos y con tres botellas de vino (apenas) en el garguero, decidimos volver a Tupiza, donde con la alegría del encuentro y del sofocón que le hicimos pasar al paisano de Mal Paso, nos recogimos... no sin antes cascarle seis chelitas para asentar nomás.

28 de enero de 2026

Alfredo Domínguez, un resumen biográfico

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Entre otras notas de prensa un periódico de Ginebra le pide a Domínguez un resumen biográfico. 

Él escribe así: 

Nací en el sur de Bolivia, aprendí música a los 12 años, en Argentina, con los trabajadores de la caña de azúcar. Cada noche, nos reuníamos alrededor de una fogata para cantar y tocar. Aprendí a tocar la guitarra observando a un músico. Al regresar a Bolivia, trabajé en un circo como obrero, mi jardín secreto era la guitarra. Luego me fui a La Paz, a los 18 años, para convertirme en... futbolista y guitarrista. Un director de teatro me dijo que había muchos buenos deportistas, pero que como guitarrista, podría ser único. Pasé por la radio y en 1968, en Argentina, gané la medalla de oro del Festival Latinoamericano.

A los 28 años, fue la consagración. He tocado como solista y mi recital cuenta historias de la mina donde miembros de mi familia tuvieron un final trágico. Quiero resaltar la dignidad del hombre que sufre. Desde 1969, hago idas y venidas entre Europa y mi país. Ya he estado en Rusia, Inglaterra, Francia, Bélgica, Suecia, Alemania y Suiza. En 1976, en Ginebra, la Sociedad de Artes me otorgó un premio por mis aguafuertes. Los días 9 y 10 de diciembre, doy un concierto en la sala Patiño y, el 13, estoy invitado a la Universidad de Zúrich. Soy optimista. 

(Domínguez, La Suisse, 3 de diciembre de 1977)

Tomado del libro "Vida, Pasión y Muerte de Alfredo Domínguez" de Sergio Calero Cueto.

6 de noviembre de 2025

De doña Remedios y don Humberto

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Antes de contarles respecto a mi estadía en la "Joya Bella de Bolivia", con motivo del feriado por "Todos Santos", les comento que, gracias a la gentileza de Daniel quien amablemente junto a Sandra, su esposa, los trajo (con dedicatoria incluida) a casa, ya cuento con los ejemplares de los libros que publicó con las biografías de doña Remedios Oviedo v. de Daza y Humberto "el Negrito" Leytón Armendia. 

Sin haberlos leído completamente (empecé la lectura del primero de los citados, en el viaje de retorno a la "Ciudad Maravilla") recomiendo sin lugar a dudas su adquisición por lo que representan en cuanto al rescate y significado de la obra de ese par de notables personajes, así como por la calidad y rigurosidad que se observa en ellos respecto a la investigación realizada, redacción y presentación.

Aprovecho para sugerir a la paisanada que participará del festejo que se realizará el viernes 7 en el Club Japones, en homenaje a la Batalla de Suipacha y el Bicentenario de Bolivia que, además de lo necesario para la entrada, comida y bebidas, lleven dinero para comprar el libro "HUMBERTO LEYTÓN ARMENDIA - El Negrito de la Voz de Oro - Trayectoria Artística y Legado Musical" que Daniel Laguna Vargas el autor, presentará en el "Momento Literario" que los organizadores de la fiesta, programaron al efecto.   

Eso, vayan a la fiesta, coman, bailen, beban, compren el libro y asegúrense de no perderlo en el camino de regreso a casa.

#TupizaJoyaBellaDeBolivia

#TupizaPueblitoEncantau

14 de enero de 2025

Caporales en el Suipacha

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Por: Victor Burgos B.

El año recién pasado tuve la oportunidad de leer en Facebook, una reseña referida a personas que tiempo atrás desarrollaron actividades culturales, deportivas, sociales, artísticas, etc., que enaltecieron de alguna manera el sentimiento chicheño o más propiamente el tupiceño, en la que se destaca específicamente la trayectoria artística de Ignacio Gaspar, texto que conocí por medio de nuestro amigo Quintacho, que lo compartió por WhatsApp. 

Dicha reseña, escrita por José “el Abuelo” Ramírez, en la que cita entre otros a “LOS CAPORALES”, provocó recuerdos entrañables de un tiempo pasado, incomparable e inolvidable. Recibiendo el desafío y el impulso que provocó su lectura, me comprometí a escribir estas líneas con el afán de mirar atrás pretendiendo influir un tanto en la juventud actual.

De derecha a izquierda: Enrique Jáuregui y Edgar Villena (parados); Emilio Uzqueda, Victor Burgos y Freddy Cuevas sentados.
Tupiza en los años 60 y 70 del siglo pasado (qué fácil lo decimos y qué difícil lo escribimos), no sería la misma sin rememorar a un grupo, como tantos, haciendo de todo para hacer crecer el árbol de la amistad en la tierra bendita que nos vio nacer y que permitió disfrutar de una época incomparable e irrepetible para Emilio Uzqueda B., Freddy Cuevas G., Enrique Jauregui O., Edgar Villena y su servidor Víctor Burgos B. Peculiar grupo compuesto por un “Huevo” (Freddy), dos “Chatitos” (Edgar y Enríque) y dos “Flacos” (Emilio y quién suscribe conocido también como “Bombilla”).

En un waque, de izquierda a derecha: Victor Burgos, Melquiades Angelo (el dueño de la chacra) Freddy Cuevas y Emilio Uzqueda.
Así, desarrollamos actividades que permitieron ocupar nuestro tiempo libre como caminar por todo el pago subiendo los cerros que circundan Tupiza, disfrutando la campiña de Chajrahuasi que formaba una base incomparable gozando de la dicotomía de los colores verde esmeralda de los sauces en los inicios de cada primavera y el colorado del cerro al que trepamos en innumerables oportunidades, incluso pretendimos dormir una noche al medio del cerro, pero el frío limitó la pretensión. En nuestras caminatas también disfrutábamos de los rosales, del aroma peculiar y los matices rosados que nos permitían gozar de la naturaleza chicheña, tan bella flor adornaba Villa Remedios y San Antonio, barrio en ciernes.

De derecha a izquierda: Enrique Jáuregui, Edgar Villena,  Emilio Uzqueda, Freddy Cuevas y Victor Burgos.
Hacíamos por entonces, de todo para ocupar nuestro tiempo de ocio y el deseo de compartir actividades que hagan crecer los sentimientos de amistad del grupo. De pronto, surgió la idea de hacer algo más, fue entonces que Freddy Cuevas y Emilio Uzqueda idearon con mucho afán hacer fonomímica y fueron los primeros CAPORALES. 

En la primera presentación de LOS CAPORALES EN EL SUIPACHA, como es lógico, esperábamos la aceptación del público y fue una sorpresa, al ser un éxito que permitió el disfrute y goce de ver y escuchar las risas provocadas por las ocurrencias presentadas. 

Después de un tiempo breve de LOS CAPORALES, Freddy viajó a Cochabamba y me tocó reemplazarlo. Quedamos pues Emilio y yo hasta que rápidamente, Emilio también viajó a estudiar a Tarija, sustituyéndolo Enrique; así quedamos él y yo como LOS CAPORALES que menciona José en la citada reseña.


La fonomímica la hacíamos de unos discos de vinilo de un dúo chileno que tenía precisamente el nombre de Los Caporales,  fueron discos de chistes y música picaresca típica de los chilenos, la gente se mataba de risa y por supuesto, buscábamos música contemporánea que permitía ponerle chispa.


Fueron experiencias muy gratas que los paisanos tuvieron la oportunidad de disfrutar y quienes aún nos muestran su afecto acá en La Paz, Oruro y por donde vayamos, sorprendiéndonos todavía con comentarios positivos de aquellos tiempos y aquellas experiencias, son por supuesto satisfacciones que vivimos en el pago. LOS CAPORALES, una historia que compartimos un grupo de amigos entrañables intentando ocupar nuestro tiempo, participando en sendas veladas en el Teatro Municipal Suipacha, en la cancha del Ferroviario, en Escuelas y Colegios, siempre con éxito gracias a esos discos de vinilo que fueron bien aprovechados para lograr hacer reír a los espectadores y por supuesto, provocando satisfacciones en los espíritus inquietos de un grupo de amigos. 

7 de noviembre de 2023

ME HAS PILLAO EN CURVA

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Por: Luis Rico Arancibia

Estoy: Como mirando el “Corazón de Jesús”, como caminando por los cerros, mirando a la derecha al “Pueblo Nuevo” y a la izquierda “La Aguadita”. 

Me has pillao como caminando por “detrás del Cementerio”, como bajando por la quebrada, como pasando el “Agujero de Arraya, llegando a Bolivar, “bordiando” las “acequias” sin llevar carnada para volver “aunquesea” con “trenta” cangrejitos. 

Me has pillao como volviendo por Santa Elena sin ganas de “q´uquiar” mientras a lo lejos escucho el redoble de tambores y de bombos marcando el ritmo marcial del desfile que mantendrá la memoria de la Batalla de Suipacha.

Revuelvo la memoria para volver a la realidad y decido salir a caminar en las calles de La Paz para mirar el bloqueo de los Cooperativistas mineros auríferos que han PARALIZADO la sede de gobierno.

Un abrazo “Chicheño” querido Quintacho.

22 de diciembre de 2022

¡Mira, mamá, sin mano... aaaayyyyyy!

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Una imagen, dos épocas y un paisaje que parecen disolverse con la bruma que precede al olvido que llega junto con la nieve que puebla la sien.

Un personaje, varios nombres (sí,  ya sé, apodos) en el transitar de este paisano por ese mundo ancho y ajeno que identificó Ciro Alegría quichicientos años atrás. 

Recuerda que para acceder al contenido de los sitios o notas a los que están enlazados, puedes hacer clic o pulsar sobre los textos que aparecen en color diferente y/o subrayados.

No siendo pocos ni muchos, van desde Cayitos, Muyiyo, Flaco y Pataco --como me llamaron en el poderoso Colegio Nacional Mixto Suipacha y  en la colimba-- porque los apodos de tus hermanos (o primo hermano en este caso, que lo heredó de su papá, mi tío Adolfo) te los achacan y listo, no hay dónde reclames. Ahistá, por ejemplo, mi hermano Mal Paso, a quién le achacamos el nombre de su cuñao el Cherro hasta que por sus méritos accedió al propio: Pluto (Toplu y Plutito también le decimos con cariño y cuando hace renegar le quitamos la "l").

Ya en la ciudad del Illimani, nuevas vivencias y nombres: Cofla, Pollito, Cayos, Yosca, Carlini, Carloncho (usado por los amigos de Sobrevigencia y del Taller de Música Popular Arawi), Quin (por los amigos de la Tropa Cósmica Boliviana) y el actual Quintacho, referencia de los amigos del grupo "Tupis en el IV", nombre con el que se identifica además a este blog. 

Pero mira cómo son las cosas que hace chorrocientos años, cuando era alumno del Colegio Nacional Antofagasta,  este último nombre lo usaba el recordado profesor Agustín "Acuto" Mendieta, con quien tuve, muchos años después, el gusto de compartir reuniones laborales (así como festivas en torno a sendas mesas cacheras) en Sucre, la ciudad capital.

En mis primeros años en la "Hoyada" (sí, también a las ciudades les ponen apodos), solía decir que "ser boliviano, tupiceño y de Mal Paso" eran los tres orgullos que tenía, lo que dio lugar a que los compañeros me llamaran Tupi y Mal Paso, "pa que veas" que los motes no te llegan únicamente por lo que dices (cómo lo dices), haces (cómo lo haces), comes, miras y piensas (cómo comes, miras y piensas), entre otros, si no también por tus orígenes. Ejemplos, de lo anterior son el "Miralejos", el "Bizcocho", el "Ranga", el "Alcohol", el "Vizcacha", el "Legitimo" (así sin tilde), el "Uyuni", el "Talina" y el "Rico poto".

¡Ja! pues sí, yo también pensé que esta nota iba a hablar de motos y moteros tupiceños, pero por alguna extraña jugada de la mente empecé hablando de apodos (los míos) , que dejaron lejos el "Carlos Hugo" puesto en la pila bautismal y gritado por mi querida madre cuando se enojaba... Más no te aflijas, Tomás, que ya vamos con ramos.

En mis años mozos en Tupiza el pueblito encantau, allá por los setenta y ochenta mientras algunos no teníamos ni bicicleta, razón por la que el "Rape" recurría a la del Nilo  había varios moteros. Tres que tiraban pinta, montados en sus corceles de acero, eran el Gilberto "Otto" Burgos, el Edgar "Jota" García y el Hugo "Jota" Vargas, amigos que lastimosamente se nos adelantaron, cuando menos lo esperábamos, a cabalgar por otros rumbos donde seguro lo encuentran galopando en un brioso potro alazán al Nomar Chavez.

Imagen tomada del muro de José M. Artola

Entre los hermanos que transitaban en motocicletas, motonetas y/o motitos, a las que en adelante (para no perder tiempo)  llamaré "motos" estaban los: Artola de Lacerda, los Burgos Flores, los Ortega Mamani, los Romero Torrico y los Cruz Catari. Claro, son los que recuerdo porque para nombrarlos a todos tendría que ponerlos a escribir frente a frente al  Abuelo Ramírez y al Colón Vargas, que se acuerdan de todos, todo ¡Mamma mia, qué memoria la de ese par🤦‍♀️!

Con el Pataco cuando éramos más jóvenes
Transitaban también el "Cachuliba" y el "Físico" (ambos Portela), el "Churqui" Ángelo, el "Bomba" Andrade, el "Champú" Andrade, los "Veneno" Jerez, el "Danico" Laguna, el "Cuzqueño" Segovia y el "Tito" Mark quienes al igual que el Carlos Rada que trabajaba en el banco junto al "Popocho", tenían motos y recorrían como wayroncos por todo Tupiza, según recuerda el Pataco (que es otro personaje que habría que sentar junto con el "Abuelo" y el "Colón" para ponerlos a escribir las "Memorias de #TupizaPueblitoEncantau").

Varios militares tenían y conducían motos, como el entonces Sargento Franz Rejas, instructor de la P. M., quien seguro fue el incitador para que también anden en moto los hermanos (as) Villena Rendón y el "Chunino".

A fines de los setenta, los Artola con otros paisanos (...) habilitaron la pista de motocross en la zona de la Posta Colorada, donde organizaban y realizaban competiciones, en las que en ocasiones participaban moteros visitantes.

Los profesores que tenían motos en esas épocas (70, 80) eran varios, pero justo ahora sólo viene a la memoria el recordado Hugo Cruz Heredia. Mas, no podemos dejar de nombrar a Don Humberto Gallo, al Dr. Tarifa o al "Chule" y su "cabra", como llamábamos los Mal Paso a su moto.

Imagen tomada del muro del Colón
Obvio, microbio faltan montón, pero de completar la lista a ver si se encargan los capos del recuerdo que cité previamente. Mientras tanto, para hablar de rutas moteras es ineludible referirse al genial relato del viaje de Tupiza a Camargo que como dice el "Colón" realizaron un grupo de amigos de su barrio, Villa Fátima:  

(...)con el "único fin de tomarnos unos genuinos singanis en la afamada tierra del apetecido "El Rancho", un singani que en esos tiempos era lo máximo en calidad.

Luego de volverme a deleitar con la lectura del relato del citado viaje, puedo asegurarte que si no lo hiciste antes ¡tienes que leerlo, ya! (pulsa aquí para entrar a la nota).

Imágenes tomadas de los muros de Guillermo Sócimo Coca Bazán y Milton Michel

Y ahora sí te comento, como era la idea inicial de esta entrada, que con gusto vi en el "Face" que hay paisanos como Guillermo Sócimo Coca Bazán, Milton Michel y Jaime "el Etiqueta" Michovich, que participan en rutas moteras (ojalá escriban al respecto, para acompañar las imágenes publicadas) y eso es algo que podría en un futuro próximo, dar lugar a que organicen... qué se yo, la "Caballería Chicheña Motorizada", por ejemplo, que acompañe en sus galopeadas a la "Gloriosa Caballería Chicheña".

Imagen tomada del muro de Miltón Michel

Mientras tanto,  rodaremos por estos lares con mi pequeña "Zuli" esperando que se presente la oportunidad de hacerlo por el bello paisaje chicheño.



26 de noviembre de 2022

Recuerdos chicheños

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José Antonio "el Abuelo" Ramírez Reynaga, tuvo la gentileza de dejar donde su prima, la Benigna, dos libros de su autoría, que me permitieron conocer un poco de los varios que lleva escritos.

Ambos de amena lectura nos permiten recordar anécdotas y personajes del "Pueblito Encantau" así como de otras poblaciones chicheñas.


Así, en "LA JUANA O JANA PAULA Y OTRAS NOVELAS CORTAS DE LOS CHICHAS", el autor trae a la memoria cómo se desarrollaban, otrora, las actividades en Villazón "el diamante que se pule solo" y como por casualidad nos deja con una imágen de los galanes de entonces, entre ellos algunos amigos que recordamos con cariño:

La hija una joven esbelta, pero con los rasgos de la JUANA PAULA (...) más paraba en la Quiaca que en Villazón, pero todos los días se daba una vueltita de popularidad por la Plaza sin no antes recibir unos piropos de los galanes del lugar, como el Arpa, Lelis, los Chorizos, Porongas, Quintín, el Negro Alfaro y otros muchachos del ayer.

Son pues, dos libros de gratificante lectura que, sin duda, deberían ser leídos por toda la paisanada tupiceña y chicheña en general.


10 de mayo de 2022

El Cisne Enamorado

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Remedios Oviedo v. de Daza y su legado cultural

En Tupiza hace 134 años, en un día como hoy 10 de mayo de 1888, nació Remedios Oviedo v. de Daza, más conocida por ser autora de la letra del vals “Tupiza”. Creció y vivió en Tupiza, disfrutando su infancia y pubertad. Se casó muy joven, a los 16 años de edad. Formó una familia con siete hijos. En 1936 junto a sus hijos, partió a la ciudad de La Paz en busca de mejores días, donde también comenzó su etapa cultural de vida. Las tristezas familiares, las nostalgias por su tierra natal y el desamor, inspiraron sus creaciones musicales y poéticas.

Compuso cerca de 50 canciones en distintos géneros musicales. La primera obra musical compuesta en la década de los años 40, fue la cueca “Golondrina Viajera”. No obstante, el vals “Tupiza” -letra de Remedios v. de Daza y música de Gilberto Rojas- es la canción más conocida por sus coterráneos, que ya tiene 75 años de vigencia desde que fue grabada por primera vez en 1947 por Gilberto Rojas y el dueto “Las Kantutas” en el sello ODEON de Buenos Aires. Otras creaciones musicales destacadas de Remedios v. de Daza, son: las cuecas “Golondrina Viajera”, “Calla Corazón”, “Has Visto Morir el Sol” y “Las golondrinas”; los huayños “El mentiroso”, “Amor profundo”, “Chicheñita y “Kantutita” y; el bailecito “No llores zamba”. Estas canciones fueron interpretadas y grabadas por artistas y grupos bolivianos y de otros países. 

Entre los años 40 y 50, destacaron las grabaciones que hicieron “Las Kantutas” y el “Dúo Larrea Terán”. En los años 60, grabaron sus canciones las “Hnas. Arteaga”, la orquesta “Acuarela Boliviana”, el “Dúo Larrea Villavicencio” y “Los Brillantes” entre otros más. En la Argentina, es muy conocida la cueca “Has visto morir el sol” que fue grabada con él nombre de “La traidora” por Los Fronterizos (1967), el Chaqueño Palavecino (1989) y otros. En Estados Unidos, grabó este tema, el grupo Chaski (1991) de Texas. Entre los artistas bolivianos que grabaron recurrentemente las canciones de Remedios v. de Daza, a partir de los años 70, están: Fidel Torricos, Gladys Moreno, Luis Rico, Los Payas, Los Kory Huayras, Orlando Rojas, Dúo Larrea Uriarte, Enriqueta Ulloa, el Negro Palma, Jenny Cárdenas, Dúo Sentimiento, etc.  La mayoría de los artistas y grupos coterráneos de Remedios v. de Daza, solo grabaron el vals “Tupiza”. 

Remedios v. de Daza también creó poesías, las mismas que se publicaron en revistas y suplementos del periódico “El Diario” de La Paz en las décadas 70 y 80. En el crepúsculo de su vida, a la edad de 91 años, Remedios v. de Daza logró publicar en 1979 la obra “Mi Libro”, que es una antología poética brotada de su corriente literaria. 

Por medio de sus creaciones musicales y poéticas, Remedios v. de Daza repercutió en el ámbito cultural boliviano. Coadyuvó en el fortalecimiento de los roles de la mujer boliviana en la cultura, ayudó a incrementar el acervo musical boliviano, cobró notoriedad como poetiza y compositora, etc.

Algunas de sus canciones alcanzaron fama, se tornaron en clásicos del folklore boliviano y están incluidas en discos relativos a lo “mejor de Bolivia” junto a temas de otros grandes compositores bolivianos. El apelativo de “Tupiza joya bella de Bolivia” se derivó y adecuó de una frase de la letra del vals “Tupiza”. En suma, Remedios v. de Daza dejó a su patria y terruño un legado cultural importante. Sin embargo, los homenajes hacia la poetisa fueron escasos y póstumos, provenientes particularmente de artistas e instituciones ligadas al ámbito cultural.  Falleció en La Paz en mayo de 1986, a la edad de 98 años de edad.

La información expuesta se derivó de una investigación -en desarrollo final- sobre la vida y obra de la poetisa tupiceña, que estará plasmada en la obra “El Canto de un Cisne Enamorado”.


M Sc. Daniel H. Laguna V.
Cultura e Investigación Palala Ahicito

22 de enero de 2022

VECINOS

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Por: Luis Rico Arancibia


Seguimos siendo vecinos cuando, después de ayudar a las abuelas Segunda y Amalia, después de buscar a los abuelos Jorge y José, nos encontramos con Cesar para abrazarnos en el recuerdo de nuestra infancia cuando el sol se ocultaba en nuestra serranía colorada en el tiempo de “k´uquear” mientras los chacareros se ausentan a la fiesta de Remedios el 6 de enero cuando el río Tupiza hace presencia brava bajando de Tambillo hasta Entreríos.

A propósito de algunos recuerdos compartidos en la conversación que dio origen a la entrada "Otra cosa es con guitarra".

9 de enero de 2022

Otra cosa es con guitarra

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Testimonios con Guitarra
A dos cuadras de la calle Nicolás Acosta, ahicito en la Zoilo Flores,  terminando mi recorrido por el Mercado Rodríguez, decidí llamar al primer tupiceño galardonado con el Premio Nacional de Culturas, paisano, vecino y amigo, para consultar si podía pasar por su casa a darle un abrazo y recoger el ejemplar del libro que, tiempo atrás, le pedí me reservara.

Tenía que  ser ese día porque, de otra manera, el encuentro se postergaría hasta el año siguiente, este flamante 2022, y me hubiera quedado sin mi regalo navideño (...con cariño de Cayitos para Carloncho el Quin). Claro, sois unos capos para las deducciones, era el día de Navidad.

Toco el timbre de la puerta, donde un abrazo cariñoso es el preludio para una grata conversación en la que recordamos, no podía ser de otra manera,  Tupiza, sus personajes y anécdotas (Federico, la "catedrática", el Dr. Locuy, Don Julián y su farmacia...), así como las andanzas de los changos por los cerros y detrás de ellos en largas caminatas que servían para ubicar los sitios de donde, luego, se acarreaban los leños de churqui, cardones y las matas de thola para las fogatas de San Juan.

Inevitable, surge la conversación sobre la situación del país y las ilusiones y desengaños de quienes lo habitamos, para pasar luego a los proyectos en los que, ahora, se encuentra trabajando con sus nietos.

Va a por el libro motivo/pretexto de mi visita y vuelve, además, con su guitarra para hacerme partícipe entre otras, de una chacarera que enseña a contar los números y una tonada que canta los beneficios de los vegetales y siento como el conocido vozarrón que cantó "Coraje" en el "funeral del río", "los mineros volveremos", a "Pedro Arraya" y convocaba diciendo "vamos changos a la plaza", baja el volumen y entona las canciones con dulce y cálida voz dedicada a los niños... ¡Es un capo, #paquesdecir!

Finaliza la ronda de canciones con una que habla del barrio y las cosas de la vida que en el se aprenden del carpintero, el carnicero, el zapatero...

Vuelta a hablar del pago y recuerda cómo las mamás, Segunda y Amalia, preparaban los avíos para que él junto con mi tío, "el Flaco" Cesar Murillo, fueran a andar por los paisajes chicheños en  busca de aventuras que los preparaban para el ya mencionado acarreo de material combustible que debían hacer previo a la noche de San Juan. Obvio microbio, cuando la contaminación provocada por las fogatas no se percibía como un problema y antes de la masacre de Catavi que hiciera surgir al Rico que canta contra la desigualdad, la injusticia y las dictaduras
(¡Ja! supongo que es el único).

"...con la memoria de nuestra infancia y el amor al futuro..." cita la dedicatoria plasmada en el ejemplar  de "Testimonios con Guitarra" que obtuve con el valor agregado de una grata conversación, acompañada de recuerdos y canciones junto con el compromiso de repetir la reunión lo más pronto posible.

En "Testimonios con Guitarra", te encuentras con el relato de una vida de canto y amor por la vida que inicia, el 15 de mayo de 1946, en la tierra chicheña,  donde el tronar de la dinamita que abría paso al frontón (que, como recordarán los paisanos, contaba con un dispositivo para el retorno automático de pelotas) en el que varias generaciones de tupiceños jugamos a la paleta o la k'ajcha, daban junto a doña Amalia y su comadre Micaela, la bienvenida a Luis Rico.

Sus páginas,  pobladas de recuerdos felices y de días aciagos también, acompañan el relato con las letras de las canciones propias y de aquellos con los que compartiera escenario a lo largo y ancho de la patria y de esta nuestra América morena y más allá, allende los mares donde países de Europa, América (Norte, Central y Sur), el Caribe y Australia, entre otros fueron testigos de su canto y de encuentros gratos e inesperados, como aquel concierto en Suecia o Suiza (no me pidan precisión que no tengo la memoria del Cristobal "Colón" Vargas) en el cual en medio de las canciones escuchaba una voz que, entre el público, le decía "Oso", "Dale, Oso"  "Eso Oso" y claro era un paisano tupiceño que, en ese lejano país, asistía a escuchar el canto de su amigo el "Oso Rico".

Se encuentra también en las páginas del libro, el recuerdo del "Mano a mano entre hermanos"  concierto que en 2007, con motivo de recordar sus 40 años de canto, congregó en un mismo evento a Humberto Leyton Armendia, Willy Alfaro Carvallo y Luis Rico Arancibia, tres de los más grandes representantes del canto Tupiceño.

"Después de andar por el mundo
Vuelvo a curarme los males
El remedio no lo dudo
Un atao de tres tamales..."

Otra cosa es con guitarra, cita el dicho, y así guitarra en mano acompañadas de las letras de canciones transcurren en "Testimonios con guitarra", las memorias de quien uno no puede sino sentirse orgulloso y halagado de ser su paisano y amigo.

Y al leer sobre las ocasiones en las que, Lucho, tomó su guitarra y acudió a apoyar con su canto a los mineros o a los indígenas de la marcha por la vida y la marcha por el territorio y la dignidad, no puedo evitar recordar las veces que dijo presente cuando los paisanos requirieron que asistiera para apoyar los evento s que se realizaban a efectos de recaudar fondos para los paisanos que tenían algún problema de salud.

Testimonios con Guitarra es, sin duda alguna, un libro que en sus páginas muestra el amor por la tierra que lo vio nacer, la patria, la democracia, la libertad y la solidaridad de uno de los mejores autores e interpretes de Bolivia que debería ser leído por todos los bolivianos, particularmente por los chicheños y sobre todo por los tupiceños... ¡En serio, vale la pena hacerlo!







20 de marzo de 2021

Aniversario del Colegio Suipacha

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Por: Prof. Edgar Murillo Huarachi
Divulgador Histórico
de los Chichas y Tupiza
21 de Marzo de 1939, es una fecha que representa la Fundación del Colegio Suipacha en Tupiza y a su vez, significa también una fecha de enorme progreso cultural para la Región de los Chichas. A partir de entonces se convirtió en uno de los establecimientos educativos más importantes de Bolivia.

Por sus aulas y durante 82 años pasaron cientos de prestigiosos profesores y miles de estudiantes adquirieron conocimientos físicos y mentales que fueron la base para convertirse en hombres y profesionales útiles a su Patria.

Quienes pasamos por el Suipacha, afirmamos nuestro homenaje a su fundación y celebramos con orgullo los logros alcanzados.

30 de enero de 2021

A mi amigo

4 comentarios:
Por: Oscar Mario Barea
El: 27 de enero de 2016




Camina por la calles
con un ardiente café,
lleva en su alma el fulgor
y la pasión de la vida.

Sus pasos, continúan sintiéndose
en Salta, en Sucre y en otros lares,
huella profunda que deja
el caminante soñador.

Hombre de raíces humildes y milenarias
que apacigua las tormentas de su destino
con la simpleza y la pureza del manantial,
y el coraje del río bravo,
aguas coloradas que alimentan sus andanzas
esperanzas y regalos de nuestro Señor
guardadas para él...

¡Patacooooo!

11 de enero de 2021

De "Negritos", cumpleañeros y carpas

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Por: Cristobal Vargas Choque
El 9 de enero de 2021
 
 
 
 
 
 
 
 
Cuando por la memoria pasan los días de nuestra adolescencia y juventud son como remolinos de aguas teñidas de cariño, como lluvias copiosas de imágenes, como galopes y carpas en Reyes
Fiesta de Reyes en Tupiza

Humberto, Mateo y Fernándo
Entonces, no se puede dejar pasar un día como hoy sin llenarse de emoción y nostalgia. Sí, una fecha como hoy aunque en diferentes épocas llegaron al mundo, mejor dicho al “Planeta Rojo” dos extraordinarios amigos: Humberto y Fernando; dicho así, apenas son nombres propios, en el pago esto es completamente incompleto ¿No?, Ja, ja, ja, ja… Sí, sí.. hay que ser más explícitos, se trata del "Negro Leytón” y el “Negro Ruiz”, pero es posible que todavía haya dudas sobre el segundo que tuvo muchos apodos, algunos lo recordarán como Sady, pero muchos más como “Horacio”.


El Negro Leytón fue sin lugar a equivocaciones, una de las mejores voces que aportó nuestra tierra al canto popular y folklórico del País, fue él quien popularizó “El rompe cantarito” la inspiración emblemática de Willy Alfaro, juntos marcaron uno de los momentos más fecundos de la difusión de la música chicheña y especialmente tupiceña, ahí están las innumerables grabaciones discográficas.
 
Seguramente al respecto habrán trabajos de historiadores y biógrafos que dan o darán cuenta del merecido lugar que debe ocupar Humberto por todo el cariño con que dedicó su vida a enaltecer la cultura chicheña.

Recuerdo que antes de que cantara música nacional, era un amante de los boleros, de los valses y música latinoamericana, recordarán muchos verle acompañado por los “Diamantes”, un dúo, a veces trío al estilo de los famosos de esa época, Los Panchos. Boleros como “Sin mentir” o el emblemático “Angelitos Negros” eran aclamados por el fervoroso público en las innumerables veladas artísticas del pueblo, ya sea en el Teatro Suipacha o en la Cancha Ferro, donde dos micrófonos y algunos altavoces eran suficientes para degustar de la voz única y maravillosa del “Negrito de la voz de Oro” como se lo anunciaba.

Al empezar el presente siglo, creo que el dos mil tres, tuvimos el privilegio de homenajear a Humberto en Cochabamba, Acción Chicheña preparó una peña con rotundo éxito, en la ocasión le acompañaron músicos tupiceños como Guido Tito, Marcial Vargas y Jaime Barea, pudimos apreciar un variado repertorio, por supuesto no podían faltar las inmortales de Alfaro, Rompe Cantarito, Mi desventura, Amor feo, Mi escuelita, también interpretó de Carlos Rayne algunas hermosas cuecas y tonadas, de Domínguez la leñera y también algunas de su propia autoría, la canción de la noche fue “El botarate” del Papucho, y finalizó como era de esperar con el Vals a Tupiza de doña Remedios Oviedo Vda. De Daza.

 
Humberto Leytón - Tupiza Salud (1974)

Aquella ocasión los paisanos nos esforzamos para que el querido Humberto se sintiera feliz, Eduardo Arenas se ocupó de que todo estuviera así. Compartimos tardes de tertulias y asados, era un gran conversador de recuerdos y conceptos cariñosos para con todos los paisanos.

Fernando "Horacio" Ruiz

Así de cariñoso y conversador es también, El Negro Ruiz, el paisano que lleva consigo una rica historia personal digna de contarla y es poseedor de una férrea voluntad y determinación, a él me unen esos lazos no dichos ni escritos, solo sentidos y que son difíciles de expresarlos con palabras.

Fernando "Horacio" Ruiz
Con apenas quince años cumplidos residió en La Paz, en un momento de fuertes transformaciones sociales del País, a su retorno al pago su madurez era visible entre todos los amigos del barrio, fue siempre de esos líderes natos, allí donde le tocó vivir, llenaríamos muchas páginas si de escribir sus anécdotas se tratara… Los vaivenes del destino nos unieron en Cochabamba y allí continuamos cultivando esa amistad con lealtad, con respeto pero sobre todo con cariño, abrazamos los mismos ideales juveniles, nos regocijamos de los logros, mascullamos las frustraciones, pero siempre incólume la amistad de paisanos, en las buenas y en las malas.

Hace un año, luego de muchísimos otros ausente celebramos su cumple junto a sus hermanos y amigos del barrio, ahí en la casa familiar donde crecimos, Raúl y Wilfred, sus cuñados, amenizaron una tarde inolvidable con canto, chispa y recuerdos a la sombra del añoso árbol del patio.

Al mirar ese árbol y la habitación del fondo, recordé que un día como hoy de hace muchos años, el festejo empezó el día anterior, de carpa en carpa, probando las "delicatesen", pasando a las espirituosas, encontrándonos con muchísimos amigos y entre ellos al Negrito Leytón, que también adelantaba su festejo.

La carpa aquella era la más visitada, se aparecieron guitarreros de toda laya, claro, era comprensible, quien no quisiera echarse un gorjeo por lo menos, al lado de Humberto, hasta que, de la contigua carpa pasó a la nuestra un “carpero” como si de una película del Lejano Oeste se tratara… Entonces, tocaba la retirada, pero ganas todavía quedaban… Ja, ja, ja, ja…

En situaciones similares, siempre a alguien se le ilumina el foquito, vió su reloj y dijo: “Negro andá a dormir, dentro de poco será tu cumpleaños y tenemos que darte serenata”… Obediente, el Horacio hizo como que se recogía y… A las doce en punto, empezamos a cantar en la puerta de su casa hasta que con la voz afable y paternal don Santiago (Su señor padre) nos invitó a entrar… hasta el fondo donde era la habitación del Fer…

Un abrazo al cielo para Humberto, su voz y su recuerdo siempre estarán presentes en la paisanada, y otro para Fernando con todo el aprecio de toda la vida. Un recuerdo imperecedero para los "Negritos" del barrio, que por cierto eran muchísimos, quizá por eso y por mucho más llegaron a decir: "El Harlem de Tupiza",  ja, ja, ja, ja...

Grande riqueza, dulce compañía es la del ser que llega con el día y aclara nuestras noches interiores.

Fuente de convivencia, de ternura, es la amistad que crece y se madura en medio de alegrías y dolores.

(Carlos Castro Zaavedra)