En la “calle chueca” tuve el gusto de coincidir, entre otros amigos y conocidos, con la Nedda y el “Watila”, queridos personajes de la “Joya Bella de Bolivia”. Pero también de encontrarnos y compartir unas salteñitas elaboradas por el “Pataco” (otro personaje querido del “Pueblito Encantau”), con Lili y Ketty, las hermanitas del “Pluto” y cuñadas del “Cherro”. Luego nos dirigimos con mis hermanos Mal Paso —el “Chuflay” y el “Morete”— a la XXIX Expo Feria del Maíz, que se desarrolló en el campo ferial de Villa Remedios, para cascarle un plato de pataska uchu y unos vinos pateros.
Así ubicamos el puesto de Bodegas Bejarano, que ofrecía una variedad de bebidas espirituosas como ser: licor de membrillo (“miembrillo”, dicen algunos), de granada, singani y vinos oporto y de mesa (blanco y tinto). De este último, luego de probar una copa, ipso pucho pedimos una botella y empezamos a deleitarnos con el rojo elixir. Ahí nomás aparecieron el “Nanito” e Ismael “el Wichico” Vargas que, a modo de calentar el garguero para su actuación, daba una vuelta con su tío saludando y brindando con sus amistades.Gracias a conocidos y amigos que pasaban por donde nos encontrábamos, y a fuerza de compartir con ellos el vino que —¡pa' qué es decir!— rico estaba, se acabó antes de lo esperado. Por eso incité a los muchachos a que fuéramos a otro puesto en el que, según dijo don Pedro, tenían también un buen vino.
Llegando al citado puesto, pedimos prontamente una botella de rojo vino que, para nuestro gusto, distaba mucho de ser de nuestro agrado. Pero estando ya abierta y pagada la botella, había nomás que consumirla (tampoco era tan malo como para no poder beberlo).
En este segundo puesto volvimos a encontrarnos con la Nedda, quien aceptó un vaso de vino para probar y luego dijo que iba a “vichar” por ahí. A lo que el “Chuflay” le preguntó por qué no quería cascarle con los Mal Paso, y ella retrucó diciendo que la época de ser Mal Paso ya había pasado para ella (o algo por el estilo).
Ese breve diálogo entre la Nedda y el “Chuflay”, que no escuché bien, había sido no obstante atentamente seguido por un paisano que ya mostraba signos evidentes de haber catado tragos de diferente tipo y en buena cantidad. Sí, eso: ya estaba machau el cangrejo. La cuestión es que lanzó el siguiente comentario mientras miraba alejarse a nuestra amiga:
—¡Ja! Dice que es de Mal Paso. ¡Yo soy de Mal Paso!
¿Pa' qué diría eso? Que clarito escuchamos los tres Mal Paso allí presentes e, inmediatamente, el “Chuflay” le saltó con que nosotros, como ella, éramos de Mal Paso. Cosa que, obviamente, pese al medio pedal que traía encima, no fue aceptado por el paisano, quien lanzó un:—¿Qué, pues? Yo a ustedes nunca los he visto (en Mal Paso).
Mientras tanto, el “Cuchuflete”, luego de asegurarse si el nombre iba en mi tatuaje, le respondió diciéndole que le iba a demostrar de dónde era este servidor y si él tenía pruebas de su origen.
Metidos ya en el baile, prestamente me arremangué y le mostré la parte inferior de mi tatuaje al tiempo que le señalaba donde se lee “MAL PASO”. Esto le hizo parpadear y acercarse para leer mejor (¡cómo es posible!, seguro pensó). Mientras, los tres le insistimos en que esa era prueba suficiente de lo que afirmábamos ser, y le preguntamos cuál era la evidencia que él tenía, porque, además, nosotros no lo conocíamos y nunca lo habíamos visto con los Mal Paso.
¡Ja, ja, ja, ja! Le dijimos tantas cosas... entre ellas, que yo había salido chango para las Europas y que estaba volviendo de Italia para visitar el pago. Sin t'ijcho quedó el paisano y aceptando —mientras me miraba de reojo— el vaso de vino que el “Chuflay” le pasó, luego de cascarle un seco, finalmente reconoció:—Sí, creo que a él lo he visto (en Mal Paso). Por ahí abajo, a la vuelta del río, creo que vivías, ¿no ve?
¡QLP! Creo que con la confusión que le causamos y ante la prueba irrefutable de quién era de Mal Paso, se le acabó de subir el trago. Luego de darnos la mano y un abrazo entre paisanos que se veían después de años, se alejó pensando seguro en dónde siempre me había visto antes, mientras el trío de atorrantes apenas aguantaba la carcajada entre mutuas acusaciones de ser unos abusivos con el pobre machau.
En eso nos encontrábamos cuando vimos que reapareció el “Watila”. También llegó al puesto el “Wichico”, quien nos ayudó con una copa de vino antes de alejarse, y le pedimos que le dijera al “Watila” dónde estábamos. Así que se arrimó éste y pese a contarnos que por su presión alta el vino le hacía daño, igual nos ayudó a terminar la mentada botella (que, para pesar nuestro y aunque invitamos a varios, no se terminaba). Tras eso, decidimos volver al puesto inicial, que además estaba al lado del lugar donde el “Chuflay” recomendaba que le cascáramos nuestro plato de pataska.
Compramos, pues, otra botella de vino y nos instalamos en una mesa donde, a pesar del viento que ya arreciaba con más fuerza, disfrutamos nuestro platito de pataska uchu, preparado con cuatro carnes como debe ser. Aunque el “Morete” no terminó muy satisfecho, pues no le tocó ni un pedacito de panza, que era lo que deseaba. “Tarde piaste, marqués”, pensé decirle, porque el “Chuflay” y yo ya habíamos terminado todo; si no, por supuesto que le hubiéramos convidado de nuestros platos.Así, aunque no lo crean nuestros admiradores (admiradoras y detractores también), bien comidos y con tres botellas de vino (apenas) en el garguero, decidimos volver a Tupiza, donde con la alegría del encuentro y del sofocón que le hicimos pasar al paisano de Mal Paso, nos recogimos... no sin antes cascarle seis chelitas para asentar nomás.










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