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20 de julio de 2026

Anécdotas de la Feria del Maíz: Los Mal Paso en Villa Remedios

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Como muchos ya saben, el sábado pasado tuve el gusto de asistir a la inauguración de la “Feria de Santa Anita”. Dicho sea de paso, es la feria de más larga duración de la que tenga conocimiento, pues se realiza por aproximadamente tres meses en diferentes locaciones. Así, este año inició el 18 de julio en la calle Santa Cruz (la “calle chueca”) y finalizará el 25 de octubre en Villa Las Delicias (barrio San Gerardo).

En la “calle chueca” tuve el gusto de coincidir, entre otros amigos y conocidos, con la Nedda y el “Watila”, queridos personajes de la “Joya Bella de Bolivia”. Pero también de encontrarnos y compartir unas salteñitas elaboradas por el “Pataco” (otro personaje querido del “Pueblito Encantau”), con Lili y Ketty, las hermanitas del “Pluto” y cuñadas del “Cherro”. Luego nos dirigimos con mis hermanos Mal Paso —el “Chuflay” y el “Morete”— a la XXIX Expo Feria del Maíz, que se desarrolló en el campo ferial de Villa Remedios, para cascarle un plato de pataska uchu y unos vinos pateros.


Así ubicamos el puesto de Bodegas Bejarano, que ofrecía una variedad de bebidas espirituosas como ser: licor de membrillo (“miembrillo”, dicen algunos), de granada, singani y vinos oporto y de mesa (blanco y tinto). De este último, luego de probar una copa, ipso pucho pedimos una botella y empezamos a deleitarnos con el rojo elixir. Ahí nomás aparecieron el “Nanito” e Ismael “el Wichico” Vargas que, a modo de calentar el garguero para su actuación, daba una vuelta con su tío saludando y brindando con sus amistades.

Gracias a conocidos y amigos que pasaban por donde nos encontrábamos, y a fuerza de compartir con ellos el vino que —¡pa' qué es decir!— rico estaba, se acabó antes de lo esperado. Por eso incité a los muchachos a que fuéramos a otro puesto en el que, según dijo don Pedro, tenían también un buen vino.

Llegando al citado puesto, pedimos prontamente una botella de rojo vino que, para nuestro gusto, distaba mucho de ser de nuestro agrado. Pero estando ya abierta y pagada la botella, había nomás que consumirla (tampoco era tan malo como para no poder beberlo).

En este segundo puesto volvimos a encontrarnos con la Nedda, quien aceptó un vaso de vino para probar y luego dijo que iba a “vichar” por ahí. A lo que el “Chuflay” le preguntó por qué no quería cascarle con los Mal Paso, y ella retrucó diciendo que la época de ser Mal Paso ya había pasado para ella (o algo por el estilo).

Ese breve diálogo entre la Nedda y el “Chuflay”, que no escuché bien, había sido no obstante atentamente seguido por un paisano que ya mostraba signos evidentes de haber catado tragos de diferente tipo y en buena cantidad. Sí, eso: ya estaba machau el cangrejo. La cuestión es que lanzó el siguiente comentario mientras miraba alejarse a nuestra amiga:

—¡Ja! Dice que es de Mal Paso. ¡Yo soy de Mal Paso!

¿Pa' qué diría eso? Que clarito escuchamos los tres Mal Paso allí presentes e, inmediatamente, el “Chuflay” le saltó con que nosotros, como ella, éramos de Mal Paso. Cosa que, obviamente, pese al medio pedal que traía encima, no fue aceptado por el paisano, quien lanzó un:

—¿Qué, pues? Yo a ustedes nunca los he visto (en Mal Paso).

Mientras tanto, el “Cuchuflete”, luego de asegurarse si el nombre iba en mi tatuaje, le respondió diciéndole que le iba a demostrar de dónde era este servidor y si él tenía pruebas de su origen.

Metidos ya en el baile, prestamente me arremangué y le mostré la parte inferior de mi tatuaje al tiempo que le señalaba donde se lee “MAL PASO”. Esto le hizo parpadear y acercarse para leer mejor (¡cómo es posible!, seguro pensó). Mientras, los tres le insistimos en que esa era prueba suficiente de lo que afirmábamos ser, y le preguntamos cuál era la evidencia que él tenía, porque, además, nosotros no lo conocíamos y nunca lo habíamos visto con los Mal Paso.

¡Ja, ja, ja, ja! Le dijimos tantas cosas... entre ellas, que yo había salido chango para las Europas y que estaba volviendo de Italia para visitar el pago. Sin t'ijcho quedó el paisano y aceptando —mientras me miraba de reojo— el vaso de vino que el “Chuflay” le pasó, luego de cascarle un seco, finalmente reconoció:

—Sí, creo que a él lo he visto (en Mal Paso). Por ahí abajo, a la vuelta del río, creo que vivías, ¿no ve?

¡QLP! Creo que con la confusión que le causamos y ante la prueba irrefutable de quién era de Mal Paso, se le acabó de subir el trago. Luego de darnos la mano y un abrazo entre paisanos que se veían después de años, se alejó pensando seguro en dónde siempre me había visto antes, mientras el trío de atorrantes apenas aguantaba la carcajada entre mutuas acusaciones de ser unos abusivos con el pobre machau.

En eso nos encontrábamos cuando vimos que reapareció el “Watila”. También llegó al puesto el “Wichico”, quien nos ayudó con una copa de vino antes de alejarse, y le pedimos que le dijera al “Watila” dónde estábamos. Así que se arrimó éste y pese a contarnos que por su presión alta el vino le hacía daño, igual nos ayudó a terminar la mentada botella (que, para pesar nuestro y aunque invitamos a varios, no se terminaba). Tras eso, decidimos volver al puesto inicial, que además estaba al lado del lugar donde el “Chuflay” recomendaba que le cascáramos nuestro plato de pataska.

Compramos, pues, otra botella de vino y nos instalamos en una mesa donde, a pesar del viento que ya arreciaba con más fuerza, disfrutamos nuestro platito de pataska uchu, preparado con cuatro carnes como debe ser. Aunque el “Morete” no terminó muy satisfecho, pues no le tocó ni un pedacito de panza, que era lo que deseaba. “Tarde piaste, marqués”, pensé decirle, porque el “Chuflay” y yo ya habíamos terminado todo; si no, por supuesto que le hubiéramos convidado de nuestros platos.

Así, aunque no lo crean nuestros admiradores (admiradoras y detractores también), bien comidos y con tres botellas de vino (apenas) en el garguero, decidimos volver a Tupiza, donde con la alegría del encuentro y del sofocón que le hicimos pasar al paisano de Mal Paso, nos recogimos... no sin antes cascarle seis chelitas para asentar nomás.

14 de marzo de 2025

Los Mal Paso, no son mis amigos...

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...son los hermanos que me dio la vida y fui encontrando en el camino y, este mes de marzo, cuatro de ellos cumplen años. El Lyndon lo hizo el día 3, el sábado 9 estuvimos festejando los cumple del Hubert, mañana es el onomástico de mi hermano José Luis y el viernes 15 de Marco (hace renegar este pequeño pero igual lo queremos) y va para ellos un fuerte, cariñoso y fraterno abrazo, deseándoles toda la felicidad que sea posible alcanzar, como se las deseo al conjunto de mis hermanas y hermanos de Mal Paso, donde quiera que se encuentren.

Escrito el 11/3/2013 y publicado un día después en FB



21 de septiembre de 2023

PENAS Y ALEGRÍAS DE UN PAISANO

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Entre julio y septiembre hicimos con Angelita, más viajes al pago queriu, que todos los realizados en los últimos 10 años. Lastimosamente, estos fueron por motivos ingratos que impidieron disfrutar de nuestra querida Tupiza, como nos hubiera gustado.

No obstante, los pesares no fueron obstáculo para encontrar y saludar a varios conocidos y amigos, así como compartir con ellos por lo menos unos minutos de conversación, tomar algunas fotos de lugares y situaciones que me parecieron interesantes y disfrutar, por supuesto, junto a Angelita, mi amada y compañera incondicional de alegrías y tristezas; de los tamales, humintas (que aunque parezca extraño, venden en esta época en el mercado Gil Durán) junto con la rica chicha del pago, o unos deliciosos platos de lechón y sábalo a la parrilla, así como un exquisito picante surtido en Villa Fátima.

Como no hay mal que por bien no venga, la situación que nos llevó tantas veces, en ese corto periodo, por #TupizaElPueblitoEncantau, sirvió también --además de enterarme que hay amigos que no están de acuerdo con que nos refiramos a la capital de Sud Chichas como "pueblito" por más encanto que éste tenga-- para encontrarme después de quichicientos años (40 y 30, respectivamente, por lo menos) con dos queridos amigos, Pedro "Pedrinho" Cabezas Sivila y Hernán "Pavo" Flores Velásquez, compañeros de "La Barricada". Grupo del que, en los primeros años de los 80, formamos parte y nos reuníamos unas veces por el muro del Barrio Obrero, otras en el mástil que se encuentra al centro de la Plazuela de la Estación o en algún improvisado boliche hacia el que nuestras inquietudes juveniles guiaban nuestros pasos, cuando no esperábamos en el andén el tren que arribaba del norte o el sur "... Lindos años vividos, ¡ay, las farras los amigos!.."


Además del gusto de reencontrarnos y contar sobre lo que hicimos en los años que no nos vimos, con lo bueno y malo que eso implica, me alegró saber que el Pavo, escribió un libro de poemas de los cuales algunos tienen pinta de letra de canción.

Así, Hernán Flores Velásquez (El Indio Panqaras), presenta el poemario "PENAS Y ALEGRÍAS DE UN PAISANO - Escritas Lejos del Pago", redactado con el lenguaje sencillo del paisano que sin mayor rimbombancia, expresa su sentimiento. Poemas que al leerlos, transmiten vivamente el cariño y nostalgia por la tierra que lo vio nacer y crecer, así como el amor por su pareja, sus hijos y por supuesto, por su señora madre.

¡#Paquesdecir churo está che, Pavo! Te agradezco en nombre de Angelita y mío, por el apoyo brindado y por permitirme tener un ejemplar de tu libro, el cual espero que puedan leer y disfrutar como lo hice, muchos de los paisanos, amigos y conocidos de #TupizaLaJoyaBellaDeBolivia y sus alrededores, así como allende las fronteras. 

22 de diciembre de 2022

¡Mira, mamá, sin mano... aaaayyyyyy!

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Una imagen, dos épocas y un paisaje que parecen disolverse con la bruma que precede al olvido que llega junto con la nieve que puebla la sien.

Un personaje, varios nombres (sí,  ya sé, apodos) en el transitar de este paisano por ese mundo ancho y ajeno que identificó Ciro Alegría quichicientos años atrás. 

Recuerda que para acceder al contenido de los sitios o notas a los que están enlazados, puedes hacer clic o pulsar sobre los textos que aparecen en color diferente y/o subrayados.

No siendo pocos ni muchos, van desde Cayitos, Muyiyo, Flaco y Pataco --como me llamaron en el poderoso Colegio Nacional Mixto Suipacha y  en la colimba-- porque los apodos de tus hermanos (o primo hermano en este caso, que lo heredó de su papá, mi tío Adolfo) te los achacan y listo, no hay dónde reclames. Ahistá, por ejemplo, mi hermano Mal Paso, a quién le achacamos el nombre de su cuñao el Cherro hasta que por sus méritos accedió al propio: Pluto (Toplu y Plutito también le decimos con cariño y cuando hace renegar le quitamos la "l").

Ya en la ciudad del Illimani, nuevas vivencias y nombres: Cofla, Pollito, Cayos, Yosca, Carlini, Carloncho (usado por los amigos de Sobrevigencia y del Taller de Música Popular Arawi), Quin (por los amigos de la Tropa Cósmica Boliviana) y el actual Quintacho, referencia de los amigos del grupo "Tupis en el IV", nombre con el que se identifica además a este blog. 

Pero mira cómo son las cosas que hace chorrocientos años, cuando era alumno del Colegio Nacional Antofagasta,  este último nombre lo usaba el recordado profesor Agustín "Acuto" Mendieta, con quien tuve, muchos años después, el gusto de compartir reuniones laborales (así como festivas en torno a sendas mesas cacheras) en Sucre, la ciudad capital.

En mis primeros años en la "Hoyada" (sí, también a las ciudades les ponen apodos), solía decir que "ser boliviano, tupiceño y de Mal Paso" eran los tres orgullos que tenía, lo que dio lugar a que los compañeros me llamaran Tupi y Mal Paso, "pa que veas" que los motes no te llegan únicamente por lo que dices (cómo lo dices), haces (cómo lo haces), comes, miras y piensas (cómo comes, miras y piensas), entre otros, si no también por tus orígenes. Ejemplos, de lo anterior son el "Miralejos", el "Bizcocho", el "Ranga", el "Alcohol", el "Vizcacha", el "Legitimo" (así sin tilde), el "Uyuni", el "Talina" y el "Rico poto".

¡Ja! pues sí, yo también pensé que esta nota iba a hablar de motos y moteros tupiceños, pero por alguna extraña jugada de la mente empecé hablando de apodos (los míos) , que dejaron lejos el "Carlos Hugo" puesto en la pila bautismal y gritado por mi querida madre cuando se enojaba... Más no te aflijas, Tomás, que ya vamos con ramos.

En mis años mozos en Tupiza el pueblito encantau, allá por los setenta y ochenta mientras algunos no teníamos ni bicicleta, razón por la que el "Rape" recurría a la del Nilo  había varios moteros. Tres que tiraban pinta, montados en sus corceles de acero, eran el Gilberto "Otto" Burgos, el Edgar "Jota" García y el Hugo "Jota" Vargas, amigos que lastimosamente se nos adelantaron, cuando menos lo esperábamos, a cabalgar por otros rumbos donde seguro lo encuentran galopando en un brioso potro alazán al Nomar Chavez.

Imagen tomada del muro de José M. Artola

Entre los hermanos que transitaban en motocicletas, motonetas y/o motitos, a las que en adelante (para no perder tiempo)  llamaré "motos" estaban los: Artola de Lacerda, los Burgos Flores, los Ortega Mamani, los Romero Torrico y los Cruz Catari. Claro, son los que recuerdo porque para nombrarlos a todos tendría que ponerlos a escribir frente a frente al  Abuelo Ramírez y al Colón Vargas, que se acuerdan de todos, todo ¡Mamma mia, qué memoria la de ese par🤦‍♀️!

Con el Pataco cuando éramos más jóvenes
Transitaban también el "Cachuliba" y el "Físico" (ambos Portela), el "Churqui" Ángelo, el "Bomba" Andrade, el "Champú" Andrade, los "Veneno" Jerez, el "Danico" Laguna, el "Cuzqueño" Segovia y el "Tito" Mark quienes al igual que el Carlos Rada que trabajaba en el banco junto al "Popocho", tenían motos y recorrían como wayroncos por todo Tupiza, según recuerda el Pataco (que es otro personaje que habría que sentar junto con el "Abuelo" y el "Colón" para ponerlos a escribir las "Memorias de #TupizaPueblitoEncantau").

Varios militares tenían y conducían motos, como el entonces Sargento Franz Rejas, instructor de la P. M., quien seguro fue el incitador para que también anden en moto los hermanos (as) Villena Rendón y el "Chunino".

A fines de los setenta, los Artola con otros paisanos (...) habilitaron la pista de motocross en la zona de la Posta Colorada, donde organizaban y realizaban competiciones, en las que en ocasiones participaban moteros visitantes.

Los profesores que tenían motos en esas épocas (70, 80) eran varios, pero justo ahora sólo viene a la memoria el recordado Hugo Cruz Heredia. Mas, no podemos dejar de nombrar a Don Humberto Gallo, al Dr. Tarifa o al "Chule" y su "cabra", como llamábamos los Mal Paso a su moto.

Imagen tomada del muro del Colón
Obvio, microbio faltan montón, pero de completar la lista a ver si se encargan los capos del recuerdo que cité previamente. Mientras tanto, para hablar de rutas moteras es ineludible referirse al genial relato del viaje de Tupiza a Camargo que como dice el "Colón" realizaron un grupo de amigos de su barrio, Villa Fátima:  

(...)con el "único fin de tomarnos unos genuinos singanis en la afamada tierra del apetecido "El Rancho", un singani que en esos tiempos era lo máximo en calidad.

Luego de volverme a deleitar con la lectura del relato del citado viaje, puedo asegurarte que si no lo hiciste antes ¡tienes que leerlo, ya! (pulsa aquí para entrar a la nota).

Imágenes tomadas de los muros de Guillermo Sócimo Coca Bazán y Milton Michel

Y ahora sí te comento, como era la idea inicial de esta entrada, que con gusto vi en el "Face" que hay paisanos como Guillermo Sócimo Coca Bazán, Milton Michel y Jaime "el Etiqueta" Michovich, que participan en rutas moteras (ojalá escriban al respecto, para acompañar las imágenes publicadas) y eso es algo que podría en un futuro próximo, dar lugar a que organicen... qué se yo, la "Caballería Chicheña Motorizada", por ejemplo, que acompañe en sus galopeadas a la "Gloriosa Caballería Chicheña".

Imagen tomada del muro de Miltón Michel

Mientras tanto,  rodaremos por estos lares con mi pequeña "Zuli" esperando que se presente la oportunidad de hacerlo por el bello paisaje chicheño.



26 de noviembre de 2022

Recuerdos chicheños

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José Antonio "el Abuelo" Ramírez Reynaga, tuvo la gentileza de dejar donde su prima, la Benigna, dos libros de su autoría, que me permitieron conocer un poco de los varios que lleva escritos.

Ambos de amena lectura nos permiten recordar anécdotas y personajes del "Pueblito Encantau" así como de otras poblaciones chicheñas.


Así, en "LA JUANA O JANA PAULA Y OTRAS NOVELAS CORTAS DE LOS CHICHAS", el autor trae a la memoria cómo se desarrollaban, otrora, las actividades en Villazón "el diamante que se pule solo" y como por casualidad nos deja con una imágen de los galanes de entonces, entre ellos algunos amigos que recordamos con cariño:

La hija una joven esbelta, pero con los rasgos de la JUANA PAULA (...) más paraba en la Quiaca que en Villazón, pero todos los días se daba una vueltita de popularidad por la Plaza sin no antes recibir unos piropos de los galanes del lugar, como el Arpa, Lelis, los Chorizos, Porongas, Quintín, el Negro Alfaro y otros muchachos del ayer.

Son pues, dos libros de gratificante lectura que, sin duda, deberían ser leídos por toda la paisanada tupiceña y chicheña en general.


27 de junio de 2022

Rosendo Villegas Velarde

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Cultura e Investigación Palala Ahicito-2022

Gastón Suarez Paredes
¿Quién es, Rosendo Villegas Velarde?, es una pregunta que la gran mayoría de tupiceños nos hicimos alguna vez. Es muy probable que algún coterráneo se exprese de otra manera: ¿Cuyo hijo es Rosendo Villegas Velarde?

Para responder la pregunta, es necesario indicar que, Rosendo Villegas Velarde, es el nombre de una obra musical que pertenece en letra y música al escritor boliviano, Gastón Suárez Paredes, nacido en Tupiza el 27 de enero de 1929 y fallecido en la ciudad de La Paz el 6 de noviembre de 1984 a la edad de 55 años. 

Gastón Suarez fue un escritor muy reconocido a nivel nacional e internacional. Sus obras escritas y difundidas, son conocidas mundialmente. Sobresalen: Mallko, Las Aventuras de Miguelin Quijano, Vértigo, Vigilia Para el Último Viaje y El Gesto, entre muchas otras más. También escribió la trama y el guion para la película “La Mina Alaska”. Recibió varios reconocimientos por sus obras, siendo el más destacado el premio “Hans Christian Andersen” de Dinamarca con mención de honor por la obra “Mallko”. Esta obra también fue publicada por medio del convenio Andrés Bello para su difusión masiva en los países andinos.

Según el perfil de la red social “Facebook” dedicado a Gastón Suarez, la composición de esta obra musical provendría de un sueño después de una noche de bohemia en un lugar cercano a Tupiza que se llama “Palala”. En su sueño sintió los lamentos de un grupo de personas que traían a un minero muerto de nombre Rosendo que tenía planes de matrimonio y, la prometida lloraba. 

Posteriormente, Gladys Cortez (viuda del guitarrista Alfredo Domínguez) comenta que una mañana de domingo en la estación de trenes de la ciudad de La Paz -en la década del sesenta-, Gastón Suarez se encontró con ellos, y les dijo: “tienen que venir esta tarde a la casa, tuve un sueño y grabé lo que me acordé al levantarme”.  Así lo hicieron, fueron a la casa de Suarez y escucharon la grabación, de un casete, que parecía un poema. 

Gastón, les indicó que eran coplas cantadas y le propuso al hábil guitarrista efectuar el arreglo necesario. El resultado fue una excepcional obra musical interpretada por Alfredo Domínguez. El apellido “Villegas Velarde” viene de la ficción en la mente creadora de Gastón Suarez. De esta manera, la obra musical empezó a popularizarse con las interpretaciones de Alfredo Domínguez en la Peña Naira y en sus presentaciones, formando parte de su repertorio. 

La obra musical tiene en su letra tres estrofas de cinco versos cada una. La trama es el reclamo por la muerte de Rosendo a quien su prometida le llora y reclama su triste situación por los planes previstos, que no era justo lo que pasaba y que todo estaba listo para la boda. Se repite un verso en las tres estrofas y como característica especial y llamativa conjuga el verbo “hacer” como subjuntivo presente: “No me hagáis eso”. 

Similarmente, en el primer verso de la tercera estrofa conjuga de la misma manera el verbo “jugar”: “Por qué me jugáis esa mala pasada”. Otro aspecto llamativo es qué en el segundo verso de la tercera estrofa, pronuncia la palabra “fuerte” en castellano antiguo: “no ves que mi pena es Juerte”. Esta expresión es de origen extremeño y asturiano de España cuyo significado denota fortaleza. Perduró en las regiones rurales de latino américa. La estructura musical rítmica es de copla tonada en una melodía constante. 

En 1966, el famoso trío “Domínguez-El Gringo-Cavour” (Alfredo Dominguez, Gilbert Favre y Ernesto Cavour) realizó la primera grabación de esta obra musical en sello “Campo” de la ciudad de La Paz. Lograron gran aceptación en la gente, mientras que la relación existente con otros artistas como “Los Parra” de Chile, influyeron mucho en la difusión no solo de esta obra sino, de varias más. 

Al presente se sabe que esta obra fue incluida en 25 producciones musicales tanto nacionales como internacionales en formatos de Long Play de vinilo, Casete, Disco Compacto y Video. Los artistas y grupos que grabaron esta canción, son: Los Carabelas y Trío Sudamericano de España, Curaca-5 y el Dúo Quelentaro de Chile, Norma Peralta y Noelia Gareca de Argentina, SERPAL de Colombia, Viento de los Andes de Ecuador, Los Caballeros del Folclore, “Domínguez-El Gringo-Cavour” y Zulma Yugar de Bolivia. También fue parte de varios discos compilados, tales como: “Las Mejores Canciones de América del Sur” en Portugal y España, “Sud América Vol. 1” de España y, “Antología de la Música Tupiceña” de Bolivia y “Por Los Caminos de Sur América” en Colombia (con artistas como: Los Fronterizos, Chabuca Granda, Los 4 de Chile, etc.). Así mismo, gracias a la transcripción musical y difusión del tema por parte del guitarrista tarijeño Fernando Ardúz Ruiz, la obra llegó a otras instancias de interpretación, como conservatorios y escuelas de guitarra en Bolivia, Sud América y Europa. 

Haz clic sobre la imagen para verla en mayor tamaño

Existen detalles muy interesantes a tomar en cuenta: Es la única obra musical que compuso Gastón Suarez. El grupo Curaca-5 y el Dúo Quelentaro de Chile grabaron la canción indicando que se encuentra en ritmo de cueca chapaca, mientras que Los Caballeros del Folclore de Bolivia la interpretan en ritmo de huayño. 

Sin duda alguna, “Rosendo Villegas Velarde” es una de las obras musicales más importantes y representativas de la región de Los Chichas, que es interpretada en escenarios grandes y pequeños, en guitarreadas y reuniones, escuchada en radios y, sobre todo, se encuentra presente en el consciente colectivo de todo tupiceño.

22 de enero de 2022

VECINOS

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Por: Luis Rico Arancibia


Seguimos siendo vecinos cuando, después de ayudar a las abuelas Segunda y Amalia, después de buscar a los abuelos Jorge y José, nos encontramos con Cesar para abrazarnos en el recuerdo de nuestra infancia cuando el sol se ocultaba en nuestra serranía colorada en el tiempo de “k´uquear” mientras los chacareros se ausentan a la fiesta de Remedios el 6 de enero cuando el río Tupiza hace presencia brava bajando de Tambillo hasta Entreríos.

A propósito de algunos recuerdos compartidos en la conversación que dio origen a la entrada "Otra cosa es con guitarra".

11 de enero de 2021

De "Negritos", cumpleañeros y carpas

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Por: Cristobal Vargas Choque
El 9 de enero de 2021
 
 
 
 
 
 
 
 
Cuando por la memoria pasan los días de nuestra adolescencia y juventud son como remolinos de aguas teñidas de cariño, como lluvias copiosas de imágenes, como galopes y carpas en Reyes
Fiesta de Reyes en Tupiza

Humberto, Mateo y Fernándo
Entonces, no se puede dejar pasar un día como hoy sin llenarse de emoción y nostalgia. Sí, una fecha como hoy aunque en diferentes épocas llegaron al mundo, mejor dicho al “Planeta Rojo” dos extraordinarios amigos: Humberto y Fernando; dicho así, apenas son nombres propios, en el pago esto es completamente incompleto ¿No?, Ja, ja, ja, ja… Sí, sí.. hay que ser más explícitos, se trata del "Negro Leytón” y el “Negro Ruiz”, pero es posible que todavía haya dudas sobre el segundo que tuvo muchos apodos, algunos lo recordarán como Sady, pero muchos más como “Horacio”.


El Negro Leytón fue sin lugar a equivocaciones, una de las mejores voces que aportó nuestra tierra al canto popular y folklórico del País, fue él quien popularizó “El rompe cantarito” la inspiración emblemática de Willy Alfaro, juntos marcaron uno de los momentos más fecundos de la difusión de la música chicheña y especialmente tupiceña, ahí están las innumerables grabaciones discográficas.
 
Seguramente al respecto habrán trabajos de historiadores y biógrafos que dan o darán cuenta del merecido lugar que debe ocupar Humberto por todo el cariño con que dedicó su vida a enaltecer la cultura chicheña.

Recuerdo que antes de que cantara música nacional, era un amante de los boleros, de los valses y música latinoamericana, recordarán muchos verle acompañado por los “Diamantes”, un dúo, a veces trío al estilo de los famosos de esa época, Los Panchos. Boleros como “Sin mentir” o el emblemático “Angelitos Negros” eran aclamados por el fervoroso público en las innumerables veladas artísticas del pueblo, ya sea en el Teatro Suipacha o en la Cancha Ferro, donde dos micrófonos y algunos altavoces eran suficientes para degustar de la voz única y maravillosa del “Negrito de la voz de Oro” como se lo anunciaba.

Al empezar el presente siglo, creo que el dos mil tres, tuvimos el privilegio de homenajear a Humberto en Cochabamba, Acción Chicheña preparó una peña con rotundo éxito, en la ocasión le acompañaron músicos tupiceños como Guido Tito, Marcial Vargas y Jaime Barea, pudimos apreciar un variado repertorio, por supuesto no podían faltar las inmortales de Alfaro, Rompe Cantarito, Mi desventura, Amor feo, Mi escuelita, también interpretó de Carlos Rayne algunas hermosas cuecas y tonadas, de Domínguez la leñera y también algunas de su propia autoría, la canción de la noche fue “El botarate” del Papucho, y finalizó como era de esperar con el Vals a Tupiza de doña Remedios Oviedo Vda. De Daza.

 
Humberto Leytón - Tupiza Salud (1974)

Aquella ocasión los paisanos nos esforzamos para que el querido Humberto se sintiera feliz, Eduardo Arenas se ocupó de que todo estuviera así. Compartimos tardes de tertulias y asados, era un gran conversador de recuerdos y conceptos cariñosos para con todos los paisanos.

Fernando "Horacio" Ruiz

Así de cariñoso y conversador es también, El Negro Ruiz, el paisano que lleva consigo una rica historia personal digna de contarla y es poseedor de una férrea voluntad y determinación, a él me unen esos lazos no dichos ni escritos, solo sentidos y que son difíciles de expresarlos con palabras.

Fernando "Horacio" Ruiz
Con apenas quince años cumplidos residió en La Paz, en un momento de fuertes transformaciones sociales del País, a su retorno al pago su madurez era visible entre todos los amigos del barrio, fue siempre de esos líderes natos, allí donde le tocó vivir, llenaríamos muchas páginas si de escribir sus anécdotas se tratara… Los vaivenes del destino nos unieron en Cochabamba y allí continuamos cultivando esa amistad con lealtad, con respeto pero sobre todo con cariño, abrazamos los mismos ideales juveniles, nos regocijamos de los logros, mascullamos las frustraciones, pero siempre incólume la amistad de paisanos, en las buenas y en las malas.

Hace un año, luego de muchísimos otros ausente celebramos su cumple junto a sus hermanos y amigos del barrio, ahí en la casa familiar donde crecimos, Raúl y Wilfred, sus cuñados, amenizaron una tarde inolvidable con canto, chispa y recuerdos a la sombra del añoso árbol del patio.

Al mirar ese árbol y la habitación del fondo, recordé que un día como hoy de hace muchos años, el festejo empezó el día anterior, de carpa en carpa, probando las "delicatesen", pasando a las espirituosas, encontrándonos con muchísimos amigos y entre ellos al Negrito Leytón, que también adelantaba su festejo.

La carpa aquella era la más visitada, se aparecieron guitarreros de toda laya, claro, era comprensible, quien no quisiera echarse un gorjeo por lo menos, al lado de Humberto, hasta que, de la contigua carpa pasó a la nuestra un “carpero” como si de una película del Lejano Oeste se tratara… Entonces, tocaba la retirada, pero ganas todavía quedaban… Ja, ja, ja, ja…

En situaciones similares, siempre a alguien se le ilumina el foquito, vió su reloj y dijo: “Negro andá a dormir, dentro de poco será tu cumpleaños y tenemos que darte serenata”… Obediente, el Horacio hizo como que se recogía y… A las doce en punto, empezamos a cantar en la puerta de su casa hasta que con la voz afable y paternal don Santiago (Su señor padre) nos invitó a entrar… hasta el fondo donde era la habitación del Fer…

Un abrazo al cielo para Humberto, su voz y su recuerdo siempre estarán presentes en la paisanada, y otro para Fernando con todo el aprecio de toda la vida. Un recuerdo imperecedero para los "Negritos" del barrio, que por cierto eran muchísimos, quizá por eso y por mucho más llegaron a decir: "El Harlem de Tupiza",  ja, ja, ja, ja...

Grande riqueza, dulce compañía es la del ser que llega con el día y aclara nuestras noches interiores.

Fuente de convivencia, de ternura, es la amistad que crece y se madura en medio de alegrías y dolores.

(Carlos Castro Zaavedra)

19 de mayo de 2020

Alfredo y Blas tras los pasos de Charles

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 Los charqui Atlas


Alfredo Domínguez R., Blas Sivila S. y Charles Atlas

De las conversaciones con la familia, los amigos, conocidos e interlocutores ocasionales (presenciales y virtuales), destaca, ahora, la siguiente, que sostuve en Twitter con el paisano y amigo tupiceño, Luis Sivila Alurralde:

- ¿...tienes la foto de Alfredo Domínguez haciendo fisiculturismo con mi papá?
- ¡No che! ¿Tu si?
- Estoy buscando, tengo esa foto en físico, pero en Tupiza.
- Bueno, cuando la digitalices la compartes, por favor.
- ¡Claro que si!

Breve, pero suficiente para dejar la inquietud de conocer en qué situación pudo el profesor Blas Sivila Sarmiento haber hecho fisiculturismo con el eximio artista Alfredo Domínguez Romero, porque no es usual pensar que los personajes que conoces, también fueron niños, jóvenes y hasta atorrantes como uno, así como que jugaron en la calle, trepaban árboles, subían a los cerros, vagaban por la campiña, asistieron a la escuela y al colegio; antes de ser profesores, músicos, artistas, doctores o ingenieros, entre otras profesiones y oficios con los cuales los conociste.

Así, pasaron los días, las semanas y los meses (no, no fue tanto) hasta que en una de las esporádicas visitas que realizaba (por entonces) a Facebook, el 2 de febrero de 2020, encontré que el Lucho había publicado según lo conversado,  con una dedicatoria a su padre, Don Blas,  la fotografía mencionada y de yapa la imagen de un documento escrito por éste, en el que dejó plasmados los recuerdos de momentos compartidos con Don Alfredo. ¡Una joya, pa' ques decir!

Blas Sivila S. y Alfredo Domínguez R.
Y ahí estaban mirando al futuro, Blas Sivila Sarmiento y Alfredo Domínguez Romero en la clásica pose de Míster Atlas que se apreciaba en los anuncios publicados en las revistas argentinas de la época (quizás fue en el Gráfico, D'artagnan o Patoruzu) y con los rasgos que les conocemos, pero muchísimo más jóvenes, dos personajes que dejaron huella en el Pueblito Encantau, en el Colegio Nacional Mixto Suipacha y en la memoria de quienes tuvimos el gusto de conocerlos de algún modo. Emotiva presentación y dedicatoria además, la escrita por Luis en la publicación a la que también se refirió el Escribidor, en su ya tradicional espacio que comparte con los paisanos de la Nación Chichas y que dice:
Haz clic en la imagen
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"Hace tiempo me pediste que revise y edite estas líneas que escribiste recordando los momentos que viviste junto al genio que fue ALFREDO DOMÍNGUEZ, pasó mucho tiempo de ese tu pedido y me siento mal por no haber accedido a tu solicitud. Pero creo firmemente que este papel tiene más valor así mecanografiado por ti, por que mantiene tu esencia, tu pulso con sus pausas y retoques. Lo publico solicitando al lector "hacer zoom" sobre la fotografía. Encontrarán una historia interesante de los adolescentes y jóvenes que vivían en el pueblito encantau. Los juegos que les motivaban, las aptitudes desarrolladas, los triunfos, fracasos y hasta humillaciones de "Mr. Justin", los esfuerzos por parecerse a Mr. Atlas. Que lindos tiempos! Fueron felices y tu nota así lo refleja.

Querido papá, hoy cumples un año más de vida, que tanto le pedí a Dios llegaras repuesto de salud, después de haber pasado una dura prueba. Agradezco al creador por escuchar mis oraciones y tenerte fuerte a nuestro lado. Feliz cumpleaños! Que Dios te siga dando salud para alegría nuestra, un abrazo fuerte en tu día, te amo papito!".
Debo decir que luego de leer la publicación del Escribidor, mi intención fue traer ese texto al Rincón, como suelo hacer con su autorización y gracias a la voluntad que tiene el tocayo de compartir sus escritos, pero algo pasó entonces ("designio divino" dirán los creyentes y "porque eres más k'ella que el Beltrán" señalarán las "lenguas largas y afiladas" de algunos paisanos) que no hice la publicación y las notas quedaron guardadas, hasta que hace unos días vi que la "Peche" compartió en su muro, una fotografía en la que se ve al Genio Salvaje posando con niños y jóvenes de su Pueblito Encantau.

Sí, esa era la señal que anunciaba que esas imágenes debían publicarse en el Rincón del Quintacho, para que con suerte llegué a un público mayor que aquel que mora y ronda en los muros de Facebook (es que ¡hay todo un mundo aquí afuera, hombre!

Y así, es un honor para este servidor presentar un fragmento de la historia de uno de los más grandes artistas que vio nacer el pueblito encantau, Tupiza, a través de lo escrito por quien fuera su amigo y compañero de correrías (es que además, no siempre tienes acceso a la historia de primera mano).

Bueno, no habiendo más que decir y ya puestos a la obra, dejo con los lectores la transcripción del texto escrito por el amigo de Alfredo Domínguez Romero, el profesor Blas Sivila Sarmiento (quien disculpará, espero, las alteraciones al original realizadas por el corrector):
El Churqui al que como
monos trepaban Alfredo,
Blas y los Pilas
A principios del año en curso (2015), el Sr. Pedro Tito Romero, me solicitó le hiciera (le hiciera) una reminiscencia de la infancia de su primo Alfredo Domínguez Romero, ya que yo prácticamente soy uno de los pocos o quizá el único amigo contemporáneo de Alfredo quien nació el año 1938, yo soy del año 1937, le llevo con un año, pero hemos convivido juntos ya que vivíamos en la zona norte de Tupiza (nuestra tierra natal) junto con varios niños que frizábamos los 8, 9, 10 años de edad, nosotros vivíamos en la calle Tumusla y Alfredo vivía en la calle Tarija que congruian en la plazuela Cotagaita donde existe aún un hermoso churqui legendario, en estas circunstancias conocí a Alfredo que venía a la plazuela (después de ayudar a su mamá) con sus amigos de la calle Tarija, entre ellos recuerdo a los amigos "Pilas” eran tres hermanos apellidaban Rojas muy allegados a Alfredo (lamentablemente los tres fallecieron) y todos juntos competíamos en quien sube más arriba del churqui, como monos empezábamos a subir por diferentes ramas que tenía el churqui, Alfredo era muy ágil y conmigo alcanzamos las ramas más altas, luego la bajada era competible, Alfredo y yo éramos los que llegábamos más rápido y…, no faltaba un "chete” que se quedaba en medio árbol llorando había que ayudarle a bajar, luego como teníamos un desafío de los changos "abajeños” para jugar futbol en la cancha aledaña a la SABA (Sociedad Anónima Boliviano Argentina), entonces íbamos a entrenarnos en la tarde.


El texto escrito por Blas Sivila,
vuelto a digitalizar por su hijo, Luis
Alfredo demostraba una habilidad buena para el deporte, es así que llegó a militar en Primera cuando tenía la edad de jóven, el “Huracán" fue su club que le encumbró, nosotros nos quedamos por ahí tal vez por falta de habilidad, o de estímulo.

Los amigos Rojas nos comentaban que Alfredo tenía una guitarra que le regaló su papá en ocasión de su cumpleaños (9 de Julio) y en las noches practicaba el arte de tocar la guitarra, primero tocaba charango de su papá pero parece que más le gustaba tocar la guitarra.

El texto escrito por Blas Sivila,
vuelto a digitalizar por su hijo, Luis
Alfredo no concluyó el primer curso de secundaria porque el profesor de inglés, Don Justino Bedregal (un paceño racista) él decía que se llama "Shastín”, pero Alfredo le decía Don Justino y el profe montaba en cólera, le decía “indio” por qué apellidas Domínguez otro debe ser tu apellido y así ambos se molestaban, eso le aburrió a Alfredo y a los amigos nos dijo: no me gusta el estudio voy a dejar el Colegio (Suipacha), quiero ayudar a mis papás, quiero trabajar de lo que sea; en esos tiempos y en Tupiza era difícil conseguir trabajo.

Mientras estaba en Colegio y cuando se hacían campeonatos por cursos, él componía el equipo de fútbol del curso, también el de basket y volibol, era un buen deportista.

Una temporada llegó un circo a Tupiza, yo fui con mis hermanos y mi padre y ahí le encontré a Alfredo que admiraba a los artistas que daban volteos al aire decía qué ágiles son, me dijo que tal si mañana cuando estén descansando venimos y les pedimos que nos enseñen a dar volteos al aire, bueno le dije y así nos presentamos en el circo y le buscamos al que daba volteos y le dijimos que nos  enseñara su destreza, nos miró y dijo eso cuesta plata… cuanto tienen, le mostramos los bolsillos vacíos y se rió en nuestra cara, luego dijo quieren trabajar? Sí, dijo Alfredo y se quedó en el circo, supe después que se había ido con el circo y no sé qué trabajo le dieron. Desde esa vez no supe nada de Alfredo, un buen tiempo.
Me olvidaba hacer notar que cuando Alfredo estaba en colegio formaron un trío llamado “Los Panchitos” compuesto  por Alfredo la primera guitarra, Gregorio Loza la segunda y  el vocalista un alumno Demetrio Calla, todos alumnos de colegio, eran émulos de Los Panchos que estaban descollando en el ámbito mundial.

Desde que se fué a la Argentina con el circo, no le volví a ver a Alfredo, ya cuando salí bachiller, llegó Alfredo, dijo que quiere servir a su patria, vino a presentarse al cuartel; él sirvió en Batallón Chorolque 1º de Ingenieros con sede en Tarija.

Yo estaba de vacaciones y nos volvimos a encontrar cuando Alfredo ya era reservista, en ese ínterin notamos que tocaba muy bien la guitarra, venía a mi casa y junto con varios amigos, ya todos mozalbetes, le escuchábamos a Alfredo lucirse tocando la guitarra y nos demostró algunos trucos para imitar el sonido de varios instrumentos nativos, cruzaba dos cuerdas (las más gruesas) y sonaba como la caja, en la parte inferior de la guitarra imitaba a los pinquillos, con sus dedos y el maderamen de la guitarra, imitaba al bombo. Nos hacía oír música del pago con mucha genialidad, ya decíamos, Alfredo ha de llegar lejos con el dominio de la guitarra.

Anuncio similar al que
impulsó a Alfredo Domínguez
y Blas Sivila a seguir
los pasos de Charles Atlas
En una de sus visitas a mi casa me vio manipulando una propaganda de Charles Atlas para desarrollar la musculatura corporal, mediante la tensión dinámica (sin aparatos) se interesó y nos propusimos seguir las instrucciones, para eso teníamos que hacernos sacar una foto cuando estuvimos comenzando los ejercicios,  de ese modo tengo la foto donde estamos los dos y nos decían "Los charquis Atlas”.

Como era un artista innato para el dibujo, pintura, grabado, le contrataron para trabajar en el colegio Jaime Mendoza (si mal no recuerdo) como profesor de dibujo, creo que trabajó un año o dos (no recuerdo bien).

Yo recién me presenté al cuartel y  fui a ocupar el puesto que dejó Alfredo en el Batallón. Salí del cuartel y ya no le encontré, supe que se fue a La Paz y que allí trabajaba en Geobol como dibujante técnico y en las noches actuaba en la Peña Naira; Seguramente allí se conoció con el gringo Favre y el charanguista Cavour, sé que luego formaron un trío famoso.

Posteriormente, supe que se fué al extranjero. Cuando alguna vez llegaba a visitar a sus papás, nos saludábamos muy amigablemente. Y así el tiempo nos separó con todos los amigos.

Me consterné mucho cuando supe de su fallecimiento, cuando voy al cementerio de Tupiza le hago una oración.