Ads 468x60px

Featured Posts

2 de abril de 2026

De Amor y Orgullo

No hay comentarios.:

¿Por qué nos tatuamos las personas?

"Cosas de locos...", dirán algunos, y no les falta razón. Es una pregunta que muchos se hacen y otros tantos no entienden. ¿Es por moda? ¿Un momento de locura transitoria? ¿Un intento por salir de la rutina? ¿Otra forma de enviar mensajes? Quizás un poco de todo. 

Para algunos, un tatuaje, es solo decoración corporal. Para otros, es una forma de protesta o de pertenencia a una tribu. Pero para muchos de nosotros, un tatuaje es un mapa de identidad, una cicatriz voluntaria que cuenta una historia que no queremos olvidar y esperamos que no olviden. 

Y el que ven en la imagen, es exactamente eso. Es mi mapa de vida, mi mausoleo portátil, mi declaración de origen y mi homenaje a Angelita: mi amor, mi amada amante, la mujer que dio sentido a mi vida y quien a pesar de no estar ya a mi lado se ha convertido en una parte inseparable de mi ser y que, literalmente, llevo en la piel.

Si alguna vez nos cruzamos en el camino y diriges tu mirada a la parte superior de mi antebrazo, veras que allí, flanqueada por un par de alas, está ella: Angelita. Su rostro, con esa mirada profunda, ese cabello rizado y su sonrisa que tanto amé, es el núcleo de este diseño. El retrato es tan detallado que a veces siento que ella está ahí, mirándome, con ganas de besarme o cascarme por algo que dije o hice. Diciendo, mientras mueve la cabeza y muestra su puñito cerrado: —¡Ay, vidita, vidita!

Y aquí es donde entra la parte irónica de la vida. La muerte. Esa vieja conocida, que nos dicen que es parte de la vida, pero quizás solo sea la vida con otro traje, un traje más oscuro y siniestro. 

Pero sea otra o la misma damisela con diferente pilcha y sin peluca, la muerte es una auténtica aguafiestas que se encargó de separarnos, destruyendo nuestra ilusión de compartir enamorados nuestra vejez. Porque se la llevó muy pronto. Nos robó el derecho a ser dos viejecitos, acaso cascarrabias, quejándose del clima. ¿Y para qué? ¿Para que yo tuviera una historia conmovedora que contar? ¡Joder! Hubiera preferido una vejez aburrida, pero a su lado, antes que el dolor del vacío que dejó.

No obstante, a pesar de todo, a pesar de la crueldad de la muerte, Angelita, vive en mí. Y su rostro irá conmigo y será parte inseparable de mi piel, hasta que llegue el momento en que ella (la muerte) pase a recogerme. Y ojalá, entonces, los amantes podamos volver a reunirnos, si es que hay un más allá después de esta vida. Un más allá donde podamos continuar amándonos, compartiendo gustos y discutiendo por causas sin importancia, pero que le ponen sabor al día a día o al menos, donde yo pueda volver a sentir su cabecita reposando sobre mi pecho al final de la jornada.

Cuatro Orgullos, Una Ruta

Pero la vida no solo es tragedia, también hay orgullo, mucho orgullo.

La segunda parte del tatuaje cuenta parte de mi historia. Tiene que ver con la época en que salí del Pueblito Encantau, "Q'ala siki" (casi como ahora), pero orgulloso de mi origen. 

Cuenta parte de la historia (solo parte, porque para los detalles, necesitaría por lo menos un capítulo del libro que mi hermano el Pluto me reclama que escriba de una vez) cuando en las diferentes reuniones con compañeros de estudio y luego colegas, que no entendían cómo era posible que ante el inevitable ¿de dónde eres? respondía "de Tupiza" y no citando al departamento del que, vaya a saber porqué razones, es parte la provincia Sud Chichas.

Con paciencia repetía, a todos los que inquirían el motivo de afirmar ser tupiceño y no otra cosa, y luego de explicar una y otra vez nuestra historia, terminaba manifestando que tenía tres orgullos en mi vida: Ser tupiceño, boliviano y de Mal Paso.

Y así es que, en esta parte del tatuaje, los colores explotan mostrando la tricolor boliviana y la azul grana tupiceña. Y justo en el centro del diseño, con gafas de sol y un peinado "tujchi-afro", con ropa formal y montado en una motocicleta tipo chopper: El "Hippie" —querido personaje salido de la imaginación de nuestro hermano mal paso, el "Lagarto" Ramírez— la mascota de mi club: el Club Deportivo y Cultural Mal Paso, cuyo nombre se destaca flanqueando la moto.

Y si miran con atención, para que no se olvide de dónde vengo, a la derecha de la moto está la figura sutil de un jinete en su caballo. El jinete chicheño, un jinete libre y valiente, como mis raíces chicheñas. Y este es el cuarto orgullo de mi vida, "ser chicheño".

Así que, si me ves en La Paz, en Tupiza o en cualquier otro lugar, no solo ves a un tipo con un tatuaje complejo. Ves mi historia. Una historia de amor que desafía a la muerte, de raíces profundas que me impulsan, y de una historia que (me) recuerda de dónde vengo.

¿Y tú? ¿Qué historia llevas en la piel? Cuéntamelo en los comentarios.