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24 de enero de 2013

MALANDANZAS

Amigos:

La siguiente narración, versa sobre un pasaje anecdótico sureño vivido por el Dr. Franz Medrano Velásquez (el abogado de los ojos azules), que en paz descanse, y fue escrita por su hijo primogénito. Esta memoria, que se encuentra en el CEDIB, es un homenaje a quien en vida fue un hombre de una cultura exquisita y de una solidaridad excepcional con el género humano,pese a no profesar ninguna religión.

Atte.

José Franz Medrano Solares (el Gato)

Fotografía del Dr. Franz Medrano Velásquez,
presidente de la respetable Corte Superior
de Justicia de Potosí (1984).
El Gato acarició con afecto supersticioso la añosa máquina de escribir "Underwood" y, colocando un papel bond en su rodillo, el mismo que denotaba algunas cicatrices de otros tiempos, empezó a digitar las teclas para comprobar si los tipos aún dejaban impresos rastros de tinta.  Hipnotizado por el sonido del tecleado, mientras bebía con placidez un mate de coca, se dejó transportar casi sin advertirlo hasta los años 50, 60 y 70 del milenio anterior. Y,  pudo ver nuevamente a su malogrado padre*, sentado frente a su inseparable "Underwood", escribiendo editoriales y noticias para la Radio "21 de Diciembre" de la localidad de Catavi, de la misma forma que lo hacía para la "Radio Universidad" en la Villa Imperial. Esa temporada el autor de sus días escribía con agudeza de periodista y emoción de combatiente. 

       En aquellas décadas, la energía creadora de su progenitor estaba encaminada a denunciar ante la opinión pública hechos como: la vejación y torturas en los campos de concentración por parte del "Control Político" movimientista, de igual manera que la política petrolera entreguista de este régimen respaldada en el Código del Petróleo promulgado en 1956, cuyo cuerpo normativo fue elaborado en EE.UU por el bufete de abogados asociados "Davenport y Schuster". Asimismo, censuró valientemente al gobierno de Barrientos Ortuño por la  Masacre de San Juan acaecida en la localidad de Siglo XX en junio de 1967. El Gato, también retrotrajo la dolorosa decepción que sintió su padre al enterarse de la traición y el abandono que sufrió la guerrilla del Che Guevara por parte de los dirigentes del P.C.B.  Esta deslealtad histórica, a la que reprobó en sendos escritos, caló hondamente en la auténtica conciencia revolucionaria de su genitor, logrando que con perspicacia y honestidad se apartara de la mistificación y la superchería partidaria. Más nunca dejó de ser un socialista, esa era la sustancia  que nutria sus sueños y su alegría de vivir. 

       A tal grado llegó la intuición y madurez política del progenitor del Gato que, posteriormente, en los 80, cuando el gobierno de Hernán Siles Suazo le nombró prefecto de la ciudad de Potosí, antes de su posesión y sin dejarse encandilar por el poder, declinó la designación al advertir en la coalición udepista ambiciones sanchopancescas y contradicciones insalvables.  

       El Gato en su reminiscencia recordó la librería "Universitaria", ubicada en la calle Bolívar, muy cerca a la  esquina Junín en la Ciudad Unica,  sitio en el que su padre, junto a Víctor Cárdenas, Ismael Pérez (+), Wilberto Alfaro, Estanislao Alvarez y otros intelectuales, discutían ardorosamente el contenido de las obras y los temas que apreciaban trascendentales. Aquellos años del 60, el grupo allí reunido se había propuesto lidiar contra el ostracismo político y la frivolidad del ambiente. En este espacio físico y temporal se generaron innumerables estudios,  noticias y comentarios en pos de un proyecto político, social y económico más equitativo.  

      El padre del Gato murió el 25 de enero de 1985 en la ciudad de Sucre. Dos días antes de enfrentar al horroroso enigma de la muerte, un solícito sacerdote intentó darle la extremaunción, empero aquél rechazó amable e incrédulo el servicio religioso de la siguiente manera: "Reverendo, jamás hice daño a nadie, si muero lo haré con la conciencia serena, vaya a consolar a quienes necesitan de Dios. Gracias". La firmeza de sus convicciones en el instante postrero, independientemente de que pudiese estar errado o no,  marcaron con fuego el respeto del Gato por su recuerdo.  

       Del mismo modo, el Gato evocó con añoranza las antiguas disputas con su progenitor por causa de su excesiva afición al canto y a la vida  trashumante; no obstante, un día, su padre sentándose a su lado le dijo conmovido: "Sólo cantan los seres que se sienten sin ataduras, ojalá  nunca dejes de cantar". Hoy que ha transcurrido tanto tiempo, después de infinitas búsquedas, de peligrosos vagabundeos y de marchar por la senda con una esperanza que la vida no ha podido frustrar, el Gato, indócil y leal a su orgullosa estirpe, sigue cantando errante para no convertirse en un androide más de este mundo globalizado.          

       Siempre motivado por el sonido de la vieja "Underwood", el Gato pudo comprobar que el recuerdo de su progenitor era más fuerte que su muerte, porque segundos después hizo reminiscencia de un pasaje colorido y ocurrente de su vida que, en forma indiscreta, me atrevo a narrar a continuación:  

       Era el periodo en que se dieron tres elecciones generales antes del retorno a la vida democrática: la de 1978, 1979 y 1980. Era el lapso histórico en que cayó en crisis la advenediza doctrina de la Seguridad Nacional junto al autoritarismo militar. Era el tiempo en que ya se podía vislumbrar el anquilosamiento del Nacionalismo Revolucionario por su falta de profundización, categoría política que fue desechada con felonía años más tarde por quienes, en contraposición a sus propios postulados, optaron por el Neoliberalismo salvaje, es decir,  por la antinación. Era la etapa en que renació la ilusión en el corazón del pueblo para volver a morir años más tarde en sus pulmones y estómago al final del mandato de la U.D.P.

       Era junio de 1979, y el Dr. Walter Garrón Chalar, abogado y dirigente de Falange Socialista Boliviana, aspiraba a una senatoria por la ciudad de Potosí. El citado creía con pasión en un modelo político-económico elitista; además de propugnar un Estado Supremo y autoritario de indudable orientación fascista, nacionalista y anticomunista. Resulta imprescindible puntualizar que, el Dr. Garrón Chalar, sentía una profunda animadversión hacia el padre del Gato: primero, porque éste último, en su condición de Juez de Partido en Materia Civil, en cierta ocasión le había impuesto una severa sanción por efectuar reclamaciones airadas y fuera de lugar; y segundo,  porque su fundamentalismo nazi-fascista no le permitía aceptar la ideología socialista del juzgador. Cabe detallar que, el referido dirigente falangista, aparentaba una fragilidad engañosa debido a su exigua talla y minusvalidez,  puesto que rengueaba con dificultad palmaria de ambos pies. Sin embargo, pese a su impedimento físico, con sorprendente vitalidad y excesiva virulencia se enfrentaba a cualquiera que osara interponerse en sus propósitos de político mandón y bilioso o de abogado vehemente y quisquilloso. Al parecer estas fueron las razones para que algunos contrincantes políticos o algunos litigantes adversos, en más de una oportunidad, le infringieran cobardes atentados dinamiteros aprovechándose de aquella convulsionada circunstancia eleccionaria.

      Una mañana del tiempo indicado, el Gato junto a su padre se dirigieron a la Región Militar, lugar en el que debían realizar una diligencia, en su cometido doblaron de la calle Bustillo hacia la calle Frías, advirtiendo de inmediato a un grupo de curiosos que, con perplejidad, escrutaban los destrozos causados por una explosión dinamitera ocurrida en horas de la noche en el domicilio del jefe falangista. Entretanto, frente a su portal, la víctima de la infame agresión, cojeando teatralmente en círculos cerca a la multitud, despotricaba haciendo alarde de toda clase de epítetos en contra de sus atacantes anónimos, mientras amenazadoramente blandía sobre su menuda testa una de sus muletas. Al  reparar el Dr. Garrón Chalar en el padre del Gato, que nada tenía que ver con el delito perpetrado en su contra y sólo estaba de paso por aquél lugar, arrebatado por una susceptibilidad paranoica quiso cebar su furia en él, espetándole a grandes voces así:

- ¡C... hay gente que viene a solazarse con mi desgracia!, ¿Dr. Medrano qué opinión le merece mi infortunio?

El aludido Juez,  reponiéndose de su sorpresa, con dignidad e  ironía sofoclea* le repuso de este modo:

- ¡Dr. Garrón, quien mal anda, mal acaba !

      Y después de la sarcástica respuesta prosiguió su camino junto a su primogénito. Algunos espectadores maledicentes aseguraron que su interlocutor se turbó tanto con la contestación, que se tornó más patitieso todavía.

      El Gato a tiempo de finalizar su remembranza acarició divertido y nostálgico sus bigotes felinos, volviendo a cubrir con cuidado religioso la antigua máquina de escribir.

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NOTAS DE PIÉ DE PÁGINA.

*El padre del Gato era el Dr. Franz Medrano Velásquez (1934-1985), Juez de Partido en Materia Civil de la Capital potosina en 1979. Se desempeñó en diferentes oportunidades en la Villa Imperial como abogado, juez, vocal, decano y presidente de la Corte Superior de Justicia. Asimismo fue dirigente de COMCIPO, presidente del Colegio de Abogados de Potosí. Ejerció como jefe de prensa de "Radio Universidad" dependiente de la universidad "Tomás Frías", cargo que también ejercitó en la "Radio 21 de Diciembre" de la localidad de Catavi. Y un sinfín de otras actividades en diferentes puntos geográficos de Bolivia.

* En la jerga teatral se conoce por ironía sofoclea al lenguaje ambiguo que emplean los actores, el mismo que dice mucho más de lo que aparentemente pretende. 
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