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21 de junio de 2013

Qué más les podría contar

Corrían los años ochenta y gracias a la Radio Color que transmitía en la frecuencia 101 de FM, tuve acceso a mucha buena música, de Facundo Cabral, Victor Heredia, León Gieco, Tanguito, etc. y allí fue que conocí a Leonardo Favio. No, no al de la  foto de carné, la rubia del cabaret o de aquel verano en la playa y tantos temas que cantamos cuando éramos más changos y que aún hoy entonamos a medias, cuando, por ejemplo, nos reunimos con los amigos y el Coco Barrientos, a modo de tomarnos examen, le mete un enganchado de canciones de los años sesenta y setenta.

Conocí entonces, a un Leonardo Favio que le cantaba a la vida,  al amor y se identificaba con la gente de a pie, un Leonardo Favio que era más, que mostraba su faceta de cantor del pueblo, identificado con el obrero explotado del que, entonces como ahora, se aprovechan los que sabemos, a ese hombre que aprendió de un judío que es respeto y amor, ese Favio que, como nosotros, amó mucho y le amaron, que le encantaba trasnocharse con locas y ladrones y a quien mil veces borracho le descubrió el sol, sin preguntarse más por qué la vida.

Después de muchos años encontré, gracias a esos tipazos que sin conocerlos sentimos que son nuestros amigos y comparten lo que tienen en esta maravilla tecnológica que ahora disfrutamos y entonces no imaginamos que es la web, esta canción que quichicientos años ha escuché y grabé de las emisiones de ¡Color, la Radio! Perdí el casette hace tiempo, pero ahora puedo compartirla con ustedes, gracias a YouTube y @RamonFausto, así sin decir nada más,  porque no sé...

¡Qué más les podría contar!




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